– Toranzo le gritó “ladrón” a Luis Nava

– La farsa del Frente Ciudadano
* La máscara de Hugo Luis Stevens

La gran farsa del “Frente Ciudadano Anticorrupción” ha sido expuesta ante la opinión pública porque ni es frente, ni es ciudadano y mucho menos es una lucha auténtica contra la corrupción.

Se trata de un mero membrete de dos familias, los Nava y los Stevens, para su lucro político y económico, e intentan ocultar la podredumbre en la que se solazan como si nadie se diera cuenta.

 

Ideado a las sombras del poder prianista, movido por el rencor y la nostalgia por las prebendas y los negocios sucios,  surgió al calor del escándalo de la “ecuación corrupta” del Congreso del Estado, como un aparente movimiento apartidista para combatir la corrupción y empujar la eliminación del fuero de los impunes diputados.

Ese fue el pretexto que dio pie a Hugo Luis Stevens Amaro y a los hermanos Manuel y Luis Alfonso Nava Calvillo para crear el dichoso frente que resultó una farsa.

A este trío se les sumaron, en un desplegado, algunas cámaras empresariales y asociaciones civiles orientadas a la promoción de la libre empresa, algunas ligadas al alto clero, pero todas con un marcado signo elitista, distante hasta la repulsión de las demandas de las clases populares.

Ese conjunto de organizaciones y decenas de firmas de incautos ciudadanos, se ha reducido a dos apellidos: los Stevens y los Nava que, a través de diversos artificios, quieren repetir la vieja fórmula gastada de que son los salvadores de los desvalidos, cuando fueron beneficiarios de la corrupción de los alcaldes panistas Alejandro Zapata, Octavio Pedroza y Jorge Lozano, y del priista Mario García Valdez, al que le sirvieron de alfombra para que cometiera todas sus corruptelas.

¿Quién es Hugo Luis Stevens Amaro?
Es un militante de perversas organizaciones de la ultraderecha (como el DHIAC y El Yunque, ver: http://www.redalyc.org/pdf/325/32514905.pdf) que se infiltraron en el PAN desde fines de los años setenta para influir en el ámbito político. Ahora, con algunas dificultades, han impuesto a Xavier Nava Palacios como candidato del PAN a la alcaldía, aunque incumplió en la rendición del informe financiero como fallido candidato independiente a la alcaldía, y le echa la culpa a otros de su grave falta.

Esta pertenencia a sociedades secretas de Hugo Luis, no lo anda diciendo en público, como si fuera algo vergonzante e ilícito,  y se hace pasar como un hombre honrado y trabajador, comprometido con las causas justas, y entre las “grandes” acciones que se le atribuyen son haber logrado financiar las estatuas de Manuel J. Clouthier y Salvador Nava Martínez, mal hechas y desproporcionadas, sacó ganancia personal.

Por lo que se ve, Hugo Luis tiene un holgado modus vivendi, por el tiempo que dedica a luchar por los pobres y contra las injusticias de los poderosos, tiene la vida resuelta. Su fortuna proviene de la constructora familiar que durante varios sexenios, no se diga cuando Marcelo de los Santos fue el gobernador, se le favoreció con obra pública a montones. La empresa está a cargo del hermano mayor de Hugo Luis, el actual titular de la Seduvop, Leopoldo Stevens Amaro. ¡La iglesia en manos de Lutero!
Si usted cruza o ve un puente por la ciudad o en el interior del estado, seguramente lo hicieron los Stevens a precios inflados, con moches incluidos y de pésima calidad. Los vallenses padecen hasta la fecha el desplome del puente “El Cascabel”, originalmente costó 35 millones de pesos y con la reparación en suspenso, va a superar los 100 millones de pesos. Y los medios “críticos” no dicen nada.

“El Cascabel” es uno de los tantos negocios de Leopoldo que también le sigue chorreando dinero a su hermano Hugo Luis y al resto de la familia, que nos quieren ver la cara con sus arengas contra la corrupción. De la Seduvop no ha salido una sola obra de alto impacto y beneficio colectivo, son puros negocios de su titular ante la vista gorda del gobernador Juan Manuel Carreras.

El fracaso del proyecto del Metrobús, la pérdida de los recursos federales del Fondo Metropolitano para obras de movilidad urbana, entre otras transas, son negocios de la familia Stevens Amaro. Los líderes de los empresarios lo saben, pero guardan silencio, porque también se benefician de la corrupción gubernamental. No todos, los que más se quejan del tráfico en la 57 en las horas pico y exigen movilidad, son los que tienen la cola más larga.

En la Seduvop, en el sexenio del gobernador priista Fernando Toranzo, estuvo Luis Alfonso Nava Calvillo. Se enriqueció con adjudicaciones directas, precios inflados, moches, licitaciones públicas simuladas. Los peores vicios priistas resumidos en su actuar público, en su persona, enlodó la cacareada dignidad del apellido Nava.

El mismo doctor Toranzo le gritó “ladrón” en su  cara cuando lo cesó del cargo. Fue multado y está aún inhabilitado para ocupar cargos en el sector público. Luis Alfonso es la vergüenza de la familia Nava Calvillo, se lo dijo su propio hermano Salvador en un desplegado publicado en Pulso cuando prostituyó el membrete de “Acción Ciudadana” a cambio de obtener la titularidad de la Seduvop cuando se le ofreció el cargo de fiscalizador para evitar, precisamente, la corrupción.
Al igual que Leopoldo Stevens, Luis Alfonso tiene su historial de corrupción: fue favorecido con obra pública sin licitar por los gobernadores Teófilo Torres Corzo y Horacio Sánchez Unzueta (su cuñado priista) y Fernando Toranzo, aunque éste al darse cuenta de sus transas lo cesó de manera fulminante. Teófilo le permitió hacer negocios turbios a costa del noble Hospital Central, Horacio le dio varios tramos de la carretera indígena sin licitar.

La fortuna que disfruta la familia Nava Palacios proviene del erario público, a todas luces, de manera ilícita. Por eso resulta una triste ironía que Manuel Nava Calvillo y Xavier Nava Palacios, se den sus baños de pureza y se sientan tan dignos, como la familia Stevens Amaro, para defender los derechos de los pobres potosinos.

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