•⁠ ⁠Tras casi una década como diputado local, ahora busca brincar a la alcaldía capitalina.

En San Luis Potosí parece repetirse una vieja costumbre de la política: funcionarios que hacen carrera ocupando cargos públicos, pero dejando muy poco que presumir. Ese es el caso de Rubén Guajardo Barrera, quien después de tres periodos consecutivos como diputado local ya apunta a la candidatura del PAN por la presidencia municipal capitalina.

Lejos de representar una nueva generación o una alternativa fresca, Guajardo se ha convertido en sinónimo de permanencia legislativa. Del 2018 al 2027 habrá pasado prácticamente nueve años instalado en el Congreso del Estado, viviendo del presupuesto público y con una producción política que difícilmente ha marcado diferencia en la vida cotidiana de los potosinos.

Su caso recuerda a figuras tradicionales de la política local que hicieron de una curul una zona de confort. Antes se criticaba al grupo encabezado por Óscar Vera Fábregat por eternizarse en el Legislativo; hoy el PAN parece apostar por su propia versión de ese modelo: un diputado que no suelta el cargo y que, en vez de rendir cuentas por su desempeño, ya prepara el siguiente escalón político.

La pregunta es inevitable: ¿qué resultados concretos presume Rubén Guajardo para aspirar a gobernar la capital? Porque una cosa es acumular años en la nómina pública y otra muy distinta construir una trayectoria con impacto real. Hasta ahora, su paso por el Congreso ha sido más visible por la permanencia que por los logros.

Más que candidatura, lo que se perfila es una estrategia de supervivencia política. Cambiar de oficina, conservar privilegios y mantenerse vigente en el presupuesto. Mientras tanto, nuevos perfiles, ciudadanos preparados o liderazgos con ideas frescas siguen esperando turno ante una clase política que no termina de reciclarse.

El PAN enfrenta una disyuntiva seria: insistir con cuadros desgastados que representan el pasado, o abrir paso a rostros nuevos con verdadera conexión ciudadana. Porque San Luis Potosí no necesita políticos profesionales que viven de elección en elección; necesita servidores públicos que den resultados.

Compartir