• Una trabajadora expone una historia que revive cuestionamientos sobre la protección a víctimas dentro de la institución.
En medio del llanto y la exposición pública de su caso, Lizeth Zapata denunció ser víctima de acoso y abuso sexual dentro de su entorno laboral en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, en la Unidad Académica Multidisciplinaria Región Altiplano. Aseguró que no busca privilegios, sino justicia, y que las prácticas en su contra fueron ejercidas por su superior jerárquico, identificado como Julián N., entonces director de la Coordinación.
La denunciante afirmó que la audiencia inicial ya se llevó a cabo ante un juez de control, lo que la llevó a hacer público el caso para evitar que, como otros señalamientos dentro de la institución, termine en el archivo del silencio, recordando que en la UASLP bajo la gestión del rector Alejandro Zermeño Guerra se ha vuelto recurrente la percepción de que se protege más a los agresores que a las víctimas, alimentando un entorno de impunidad.
Zapata detalló que el hostigamiento no es reciente, sino un proceso que arrastra desde 2008 y que habría escalado con el paso del tiempo hasta convertirse en abuso sexual. Aseguró además que hay más mujeres en situaciones similares dentro de la universidad, pero que el miedo a perder su empleo, su estabilidad académica o su vida personal las mantiene en silencio.
También relató que, incluso durante su embarazo, la situación no solo no cesó, sino que se intensificó, colocándola en un estado de mayor vulnerabilidad. Afirmó que posteriormente fue removida de su cargo tras informar su intención de denunciar, siendo reubicada en un puesto inferior sin explicación formal, lo que interpreta como una forma de represalia institucional.
La afectada sostiene que, aunque el caso fue notificado a la Universidad desde un inicio, la respuesta fue la omisión, lo que la obligó a recurrir a otras instancias legales. Hoy, mientras enfrenta afectaciones psicológicas y económicas derivadas del proceso, insiste en que no busca ser vista como una persona problemática, sino que se reconozca y repare el daño en un contexto marcado por el abuso de poder y el silencio institucional.




