En San Luis Potosí solo existen dos tipos de personas: los exitosos y los envidiosos. Así, en los días del trienio de Victoria Labastida, cuando Agustín Soberón Álvarez, como buen tesorero, intervenía en todos los ámbitos y aspectos de la comuna donde se moviera el billete, incluyendo los negocios de la basura, a este redactor le tocó escuchar una plática entre dos miembros del mencionado segundo tipo de potosinos.

Envidioso 1. – Se quejan de él, que porque se mete en todo…bueno…en todo donde se mueva lana, que hasta la basura les deja dinero porque hay arreglos y hacen transa con las básculas del tiradero y con lo que facturan el municipio…que lleva su mochada, me dicen…

Envidioso 2. – Sí, eso sí es cierto, pero no nada más eso, son muchos los bisnes que está haciendo ese cabrón, es cierto que está metido en todo, y que se está llevando mucha lana…

Envidioso 1. – ¿Ah sí?

Envidiosos 2. – Seee… pero, si te sirve de consuelo: todo se lo echa por la nariz y en el juego –dijo, haciendo un ademán como de quien reparte baraja…

Este involuntario escucha nunca entendió lo de la nariz, pero de lo otro supongo se refería el Envidioso 2 a las apuestas y el juego. Lo que me queda claro es que se trató de calumnias propias de eso, de dos resentidos negados para el triunfo. Que Soberón se metía en todo donde hubiera lana, pues claro, si era el tesorero, ¡qué querían! Y de que se metía cosas por la nariz, pues también debió ser falso. Por cierto, eso es más bien un padecimiento y se llama “nasofilia”.

Ya sabemos que todo se perdona, menos el éxito. Y no volví a escuchar de este conciudadano, hasta el pasado 30 de agosto, cuando en una nota leí que el distinguido integrante del gabinete de Victoria Labastida había sido inhabilitado para desempeñar empleo, cargo o comisión en el servicio público por 10 años.

Además, se le aplicó una multa de 300 salarios mínimos. Una miseria para Agustín, a quien se le acusó (seguro por otros envidiosos) de desviar poco más de 134 millones de pesos. Eso ocurría por ahí en 2013, cuando el pobre era acosado por la prensa, al grado que a uno de los reporteros de plano terminó poniéndolo en su lugar: “¡ten respeto…órale, vete!”, le tuvo que decir al impertinente, para que ya no lo molestara. Ya sabemos que a veces no hay otra manera de espantar a la chusma.

Dos años después de esas tan suspicaces acusaciones, en el 2015, Soberón fue objeto de represalias políticas por otros reconcomidos, que lograron sacarle una orden de aprehensión en su contra. Pero, y gracias a Dios, en eso no estuvo solo: se dio a conocer que órdenes judiciales similares se dictaron también contra otros buenos muchachos: Miguel Ávalos, Emigdio Ilizarrituri; también contra Victoria Labastida.

De todo eso Agustín salió avante, pues ya sabemos que esas instancias dizque contra la corrupción solo sirven para difamar gente, llamase hoy Fiscalía, Auditoría Superior del Estado, Contralorías y demás entes onerosos e inútiles, pues solo manchan reputaciones sin hacerse responsables después de las bajas acusaciones que le endilgan a la gente decente un día sí y el otro también. Pura alharaca, y muy costosa.

Lo bueno de toda esta historia es que Agustín Soberón ya está de regreso, pero no en la función pública que suele ser tan ingrata. Ahora podemos verlo vestido con camisola de chef atendiendo un local de comida internacional cuyo poético lema lo dice todo: “Nubá: Viandas del Mundo”. Sepa que será eso de Nubá, pero lo importante es que se oye chic.

Por supuesto, Agustín es el propietario del exclusivo, lujoso, e internacional sitio de comida gourmet, donde recibe en persona a lo mejor de la clase exitosa de San Luis. Porque, como dice él mismo Soberón en su página de Face: “En Nubá siempre la gente más bonita!”.

Si usted es gente bonita (y no envidiosa), Agustín lo espera con su camisola de chef en Avenida Tercer Milenio 357. En Lomas del Tecnológico, por supuesto.

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