Pusilánime, apocado, poquita cosa frente a un ciudadano que le reclamó por la inseguridad, luego del homicidio contra la dentista Erika Villaseñor, quien tenía ocho meses de embarazo.
Chiquito, encogido, tímido, frente a alguien que le alzaba la voz. Disminuido, avasallado, sin defensa. Cobarde, sumiso, humillado. Acostumbrado a hablar en escenarios dispuestos, no supo que responder al reclamante.
Titubeante, intentó dos o tres frases hechas, lugares comunes sobre foros y participación ciudadana que su impugnador desechó con un manotazo para espantar moscas al responderle: “no me interesa, eso ya lo hice”.
También timorato, asustado, acoquinado, sin palabras para responder a la altura cuando no tiene un discurso preparado, y un auditorio listo para escucharlo con disimulado respeto. Así lo vimos, como realmente es en su fuero interno: fingido, melindroso, menguado.
En fin, lo que se dice, un calzonazos este gobernador Juan Manuel Carreras López, quien seguido participa en competencias atléticas y corre 10 kilómetros, pero frente a la delincuencia no avanza ni medio metro.
Tan blando, pasivo, débil, se le observa, que el indignado ciudadano que lo abordó para reclamar por tanto crimen le quiso perdonar lo más grave: los desmembrados, los feminicidios, las ejecuciones del actuar impune de la delincuencia sin castigo y bien organizada.
“San Luis hoy está bañado en sangre. Y no hablo de los carteles, ni de las cabezas que dejan tiradas, ni cuestiones de ese tipo, no queremos eso; porque eso no nos afecta a nosotros”. Tal estimación, según el reclamante, quien debe vivir en la luna para pensar que tales delitos de alto impacto no afectan a todos.
Ese inconforme solo le pidió (no vio que su interlocutor alcanzara para más) que al menos detuviera a los ladrones que le arrebatan el teléfono celular al indefenso vecino. El “jefe del Ejecutivo”, la principal autoridad responsable de proveer y preservar la seguridad pública de todo el estado, menoscabado a gendarme de barrio sin carácter.
Así estrenó vocero Juan Manuel: con una cagotiza que circula, profusa, en medios y redes sociales.
Tanto tiempo, tres años, que le costó decidirse para despedir a un vocero y coordinador de comunicación social inepto, para terminar exhibido de manera tan inopinada con la video grabación de una andanada verbal que lo dejó frente a todos sus gobernados como “palo de gallinero”.
Circunstancias fortuitas hicieron posible que tal rociada le viniera directa no de uno de esos potosinos distinguidos que, como él, pueden caminar tranquilos por las calles. Se trató más bien solo de un habitante más, enojado por el reciente asesinato de la dentista, quien fue ultimada dentro de su consultorio.
Justa reprimenda a quien, con su indolencia, ineptitud, y falta de capacidad, está permitiendo que muchas familias de todo el estado se sigan enlutando a diario por homicidios; o que continúen sufriendo al ver mermada su salud o su patrimonio.
No es posible disculpa o admisible justificación que otros estados estén peor, como de manera indirecta nos dice en su discurso el gobernador, porque él es causante de haber nombrado a un inútil fiscal carnal, quien actúa más como notario contando asesinatos que deteniendo criminales.
Él, como gobernador, es responsable de tener a un omiso secretario de gobierno que se atreve a declarar que los asesinatos de mujeres son un problema “intrafamiliar”, y achaca a las mismas que no denuncien la violencia machista de que son víctimas.
También es culpable de que se mantenga a una Policía Ministerial podrida por la corrupción, con la fundada sospecha de que muchos de sus agentes están coludidos con el crimen; y a la que se le perdió todo respeto desde que las puertas de esa corporación fueron tomadas por los criminales como depósito de cadáveres y descuartizados.
A nadie más que a él corresponde esa condescendencia, esa morosidad, esa indolencia que tiene para soportar por años a miembros de su equipo de seguridad que no dan el ancho para dar seguridad a los potosinos, y que además permiten una casi generalizada impunidad a los infractores.
Son los colaboradores que parece merecerse. Pero aquí la cuestión consiste más bien en preguntarse: ¿es el gobernador que merecen los potosinos?, ¿lo seguirán aguantando como él tolera a sus colaboradores ineficientes?
Seguro que así serán otros seis años, mientras no exista la revocación de mandato, y en tanto no se proteste en masa, y de manera enérgica, como hizo el molesto joven, quien terminó dándole su tarjeta a un gober que no halló dónde meterse.




