Es entendible que cualquier ciudadano, ostente un cargo público o no, tenga la inquietud por participar en las elecciones, la constitución establece el derecho a votar y ser votado, además de que no impide que quien esté en funciones públicas pueda brincar de un cargo a otro. Sin embargo con algunos el problema no es legal, sino moral.

Cabe diferenciar el llamado “chapulineo” de la reelección. En este caso, queda en los ciudadanos la decisión de volver a elegir a los alcaldes en funciones que busquen nuevamente el puesto, están en su derecho y la vigilancia de sus actos corresponde a las autoridades electorales. Querer continuar en el mismo cargo puede argumentarse de dos formas: continuar con los proyectos en desarrollo, o ahora sí, después de tres años, comenzar a dar resultados visibles.

Pero con los “chapulines” la cosa es distinta. Qué diferencia podrá hacer alguien que fue alcalde, funcionario público, diputado local o federal, cambiando de puesto, cuando en San Luis Potosí, sobre prácticamente todos los niveles de gobierno pesa la sombra del descrédito.

Qué diferencia podrá marcar la cuestionada Josefina Salazar en la Cámara de Diputados si su actuar como legisladora local ha estado marcado por polémicas que incluso han terminado en denuncias ante las procuradurías local y nacional.

Si como legisladora local, Martha Orta Rodríguez solamente ha servido como escudera del gobernador Juan Manuel Carreras López y sus propuestas han sido prácticamente inútiles, qué cambio será capaz de generar en la Cámara Baja.

De José Luis Romero Calzada, quien se semi desnudó en viaje oficial de diputados a Canadá, ha bailado cumbias villeras en el Congreso del Estado, ha portado ropa alusiva a José Antonio Meade en la Tribuna del Congreso del Estado, ha insultado a sus compañeras diputadas y ha sido desconocido por su propio partido el PRI, muy poco se puede esperar como diputado federal.

Del gris Jorge Luis Díaz Salinas, panista que seguramente puede transitar plácidamente por la capital potosina dado que muy poca gente lo conoce a causa de su poco trabajo legislativo y ni siquiera los escándalos de su bancada han servido para que la opinión pública lo identifique, nada se espera.

Óscar Bautista pidió licencia y lo más increíble, su suplente, Jesús Quintero Díaz, también. Eso no solo es inmoral, sino que demuestra el poco respeto que el Revolucionario Institucional le tiene al Poder Legislativo en San Luis Potosí, pues la curul podría quedar vacía en una acción de gravedad que ha sido pasado por alto.

Y así con todos los locales, difícilmente alguno tendrá la honra y podrá con la frente en alto pararse en una campaña política para pedir el voto. Imposible que de la Cámara local salga algún Pedro Kumamoto.

Increíblemente estos no son los peores. Los diputados federales por San Luis Potosí también tienen cosas que contar, empezando con los priistas. Fabiola Aguilar, Delia Guerrero, Cándido Ochoa (disfrazado del Partido Verde). Les siguen Ángeles Rodríguez y Marco Gama del PAN, así como Erika Briones del PRD y Xavier Nava.

Los casos de los priistas son de destacar. Delia Guerrero, fiel al exgobernador Fernando Toranzo, fue diputada federal, luego local, otra vez federal y tal vez regrese al Congreso del Estado. En todos esos años no se le conoce mayor mérito para continuar viviendo del erario, entre lo más “destacado”, que consiguió trabajo para su hijo chef en la Auditoría Superior del Estado y destapó la red de amiguismo en el órgano fiscalizador cuando reveló que todos los diputados tenían recomendados en la nómina.
Cándido Ochoa realizó campaña en la Huasteca, se reunió con sectores y medios de comunicación en la campaña de 2015 pero nunca regresó.

Su actuar en la Cámara Baja es cuestionable y con el cobijo de Manuel Barrera Guillén, presidente del Partido Verde, muy seguramente llegará al Congreso del Estado para seguir extendiendo sus tentáculos de poder alternativo al gobierno del Estado.

Ángeles Rodríguez, Fabiola Aguilar, Marco Gama, por pura decencia deberían continuar en su cargo y al terminar retirarse, sería bastante premio para los representantes potosinos que muy poco han generado para sus representados, más allá de gestorías de programas o recursos, el tema legislativo que es el objetivo real de su labor, ha sido intrascendente.

Caso aparte el de Xavier Nava, diputado perredista que buscó ser independiente, sostuvo pláticas con la cúpula priista para ser candidato a la alcaldía pero que finalmente encontró espacio en Acción Nacional para buscar dicho cargo.

Resultó curioso ver en su registro como candidato a Fernando Pérez Espinosa. Para las campañas 2015 ambos vestían de amarillo y comulgaban con las ideas “progresistas” y con “visión de Estado” de Ricardo Gallardo Juárez. Ahora Xavier Nava no solo ha olvidado eso, sino que ha demostrado que su búsqueda por el poder va más allá de los ideales y el sentido verdadero de apoyo a los potosinos, busca solo encumbrarse sin el menor de los méritos.

Un solo Kumamoto potosino que hubiera sido suficiente para justificar el “chapulineo”, sin embargo, para pena de los potosinos, los que logren llegar a otro cargo no harán otra cosa de la que ya hicieron, no es de esperarse que propongan reformas de gran alcance, tampoco que tengan debates de altura en las tribunas local y federal, y mucho menos, que logren sacar de la miseria a los castigados municipios potosinos. El tiempo lo corroborará.

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