+ LA TRAICIÓN DE EDSON
+ PAOLA ARREOLA Y SU PADRE
Para miles de potosinos que votaron por ellos, los diputados de la Coalición “Juntos Haremos Historia” eran una esperanza para dignificar el Congreso. Sobre todo, después de los bajísimos niveles por incompetencia, corrupción, y moralidad pública que exhibieron los recién idos.
Antes de retirarse, esos diputados de la LXI Legislatura se despidieron con tres actos que los pintaban de cuerpo entero: le autorizaron un préstamo indebido a Carreras, votaron cuentas que no les correspondían, y amenazaron a ciudadanos en una sesión del pleno legislativo.
Con esos antecedentes no solo de los diputados salientes, sino también de las al menos tres últimas legislaturas, muchos ciudadanos veían una alternativa de cambio en los legisladores electos de MORENA-PT-PES, que integraron la citada coalición electoral lopezobradorista.
Expectativas acrecentadas, quizá, al constatar que quienes pasarían a ocupar las curules por estos partidos no forman parte de las conocidos grupos políticos que tantas frustraciones han acarreado a los potosinos.
El partido de López Obrador dio oportunidad a otro tipo de ciudadanos. Y algunos de éstos salieron premiados en una especie de tómbola política, con un boleto de la suerte que les dio la oportunidad de participar por un cargo, y ganarlo.
Bastantes obtuvieron el triunfo con amplios márgenes, no por el desempeño propio, sino por una marca #AMLO que resultó un tsunami en las pasadas elecciones del primero de julio pasado.
En el camino se quedaron políticos experimentados, capaces, pero también muy cuestionados por los partidos que representaron o por su mismo pasado que los condenaba.
Pero esta vez, y hasta el momento, parece tratarse de una esperanza fallida de cambio, pues bastaron unos cuantos días para atestiguar que los candidatos de MORENA-PT-PES, de la citada Coalición no estaban respondiendo a las expectativas.
Y a quienes seguro debió alegrarles la falta de preparación, de convicciones, y de congruencia de tales diputados, fue a quienes temían que estos pudieran remover intereses creados, con base en su mayoría relativa.
Es evidente que, para promover sus propios intereses, había grupos que deseaban anular a esos nueve representantes de tal coalición. Pero los miembros de esos grupos muy pronto se dieron cuenta que los diputados de MORENA y sus aliados del PT y PES, se anulaban solos.
Todavía no tomaban protesta y entraron en pleitos y divisiones por la ambición de quién dirigiría la bancada de MORENA, ya que en el Congreso existen fracciones formales por partido, no por alianzas o coaliciones.
Y aquí la discordia empezó a sembrarse por el actuar, como manzana envenenada, de una legisladora que ni siquiera era del partido de López Obrador, sino que su registro de candidata y triunfo como diputada electa fue por el Partido del Trabajo.
Sin embargo, Paola Arreola Nieto, asesorada por su padre el ex presidente del PRI, Jorge Arreola Sánchez, terminó dividiendo al grupo de seis diputados (en realidad cinco mujeres y un hombre), al aferrarse en que ella era la más capaz y calificada para ser la coordinadora de la bancada en el Congreso del Estado.
Desde el principio era algo que no resultaba viable por el aspecto legal, pues los legisladores toman protesta como representantes del partido que les dio el triunfo, y ya solo es después cuando pueden intentar un cambio de bancada, para así en los hechos terminar defendiendo unas siglas por las que no fueron elegidos.
La disputa de esta coordinación entre Paola Arreola y Marite Hernández Correa le dio la entrada al diputado más joven del Congreso, y quizá del país, Edson Quintanar, quien terminó como coordinador.
Pero el grupo quedó desde entonces enconado. Y al final, Paola Arreola terminó representando la fracción del Partido del Trabajo, integrada por ella sola, pues el otro diputado de estas siglas, Pedro Carrizales, El Mijis, anunció su paso a MORENA, luego de que vio no sería el coordinador petista.
Incluso dio a conocer violencia política de género en su contra por parte de Sonia Mendoza (del PAN), y Paola, al señalar que ellas lo desplazaron de tal posibilidad.
Durante la toma de protesta, el joven Edson Quintanar cometió su primer error de consideración, al declarar que lo justo era que ellos como diputados ganaran entre 80 y 90 mil pesos, cuando la consigna más sentida de López Obrador es la de la austeridad, y cuando estos mismos diputados prometieron rebajarse el sueldo a la mitad.
Una clara torpeza del novel legislador, pues si es la ambición la que lo maneja debió quedarse callado, ya que el sueldo que se estima para estos diputados es de 115 mil pesos mensuales, y 140 ya con prestaciones. Con tales declaraciones, solo recogió para sí un desprestigio que en estricto sentido debe caer en los 27 diputados; pero, sobre todo, claro, en quienes se comprometieron con la austeridad cuando buscaban el voto.
Otra seria deficiencia la dejaron ver con la iniciativa de echar para atrás la votación de las cuentas públicas avaladas de manera ilegal por la anterior legislatura.
Como diputados electos la plantearon, y ya como legisladores activos la dejaron al garete, pues andaban más entretenidos disputándose puestos en el Congreso para poder colocar a sus allegados, así como las presidencias de comisiones legislativas. Al grado que tal propuesta mejor fue retomada por un representante del Partido Verde.
Después, la fracción aún se fracturó más al darse algunas traiciones entre sí mismos, como fue el caso del nombramiento para la oficialía mayor del Congreso, lo cual estuvo a punto dar motivo a impugnaciones legales por parte de alguno de los afectados.
Para tal cargo, y en reunión con sus compañeros de fracción, Edson se comprometió a proponer a un candidato de la diputada Consuelo Carmona, pero ya en reunión con los demás representantes de la Junta de Coordinación Politica, el coordinador cambió el nombre, y colocó a otra persona, según se dijo, recomendada por Leonel Serrato. Con el agravante de que tal profesionista no cumple con los requisitos que señala el reglamente del Congreso, pues no tiene carrera afín al puesto.
Luego se vieron oficiosos e incongruentes, subiéndose a balcón de palacio, para sacarse fotos con el gobernador, beneficiando con ello a Carreras y despertando la crítica, la desconfianza y la inconformidad entre quienes votaron por ellos. Desconfianza confirmada de alguna manera a estas alturas, pues no han pronunciado el mínimo posicionamiento crítico por el Tercer Informe del jefe del Ejecutivo.
Ya el colmo fue después haber avalado la llegada de Jesús Conde Mejía como contralor interno del Congreso, personaje conocido por ser uno de los funcionarios más corruptos que ha tenido el estado. Lo sostuvieron hasta el final, nunca se retractaron, a pesar de las fuertes protestas de empresarios, organizaciones civiles, y ciudadanos por tal designación.
El cuestionado funcionario mejor optó por renunciar, mientras en los medios todavía se podían leer notas en los medios con los de MORENA y el PRI dando un “espaldarazo” a Conde Mejía.
Tal manejo al interior del Congreso se vio venir desde el momento en que las primeras alianzas de este grupo de diputados obradorista fueron con Sonia Mendoza y Cándido Ochoa, beneficiando a estos, y sirviendo su mayoría de tapete para otros fines e intereses.
Lo demás ya solo es la cereza del pastel, parte del folclor que empieza a convertir esta legislatura en otro circo: un evento religioso adentro del recinto; y parejas y madres de los diputados morenistas queriendo ejercer un penoso influyentismo con los empleados del Congreso.
La madre del diputado Edson llegó a decir en reuniones con otros legisladores que ella ya le había dicho a su hijo: “ponme en la oficialía mayor y ya verás que me voy a traer a todos bien derechitos”. Se manejó que sería la asesora formal de su hijo en el Congreso, pero algunos consejos prudentes debieron hacerlos desistir de tal desmesura.
El diputado, por su parte, dijo, mintiendo, que su madre solo la había acompañado los primeros días, pero la verdad es que nunca lo deja solo, y entre sus cercanos le gusta confesar que quiere ser presidenta municipal de Xilitla, donde, dice, tiene posibilidades de ganar.
Hay voces de ciudadanos, y de seguidores de estos diputados que afirman es poco tiempo para evaluar a estos morenistas y sus satélites del PT y PES, pero la verdad es que a ellos hasta les ha sobrado tiempo para desprestigiarse, faltar a su palabra, y exhibir no sus propuestas, sino sus ambiciones monetarias.
De propuestas, es irónico, han destacado más ideas de Eugenio Govea, Oscar Vera, y de los del Partido Verde, mientras al respecto parece haber un vacío de los representantes que prometían hacer las cosas diferentes, adecentando el Poder Legislativo.
Y este jueves 27 de septiembre, en sus primeras intervenciones en tribuna, también fueron cuestionados porque El Mijis Pedro Carrizales señaló que sus iniciativas de ley salían de su hámster y sus asesores las traducían; mientras que otra diputada propuso un punto de acuerdo que fue rechazado, y que planteaba pedir a la PGR que actuara en lo del caso Ayotzinapa.
Esto último algo que, para Eugenio Govea Arcos, resultó “una obviedad”, pues no se les puede exhortar que hagan lo que por ley están obligados a cumplir, según declaró.
“Nos haría ver como novatos”, comentó.
Otra propuesta que hicieron fue la de reducción de sueldos, pero ¿ya con que calidad moral cuando su coordinador declaró que deben ganar casi lo que percibirá el nuevo presidente de la república? Parece que con ello solo pretendían guardar las apariencias.
La iniciativa pasó a la Junta de Coordinación Política, presidida, ¡qué cosas!, por el citado coordinador Edson, y lo más probable es que le pase lo mismo que a otras propuestas similares en anteriores legislaturas: que se quede congelada.
Hoy, cuando tales diputados de MORENA ven en los medios lo que ellos mismos generaron con esmero, salen con el cuento de que hay una campaña mediática en su contra. Pero tal cosa ya resultaría innecesaria para sus adversarios, pues ellos mismos se encuentran hasta ahora nulificados como alternativa para dignificar el Congreso.
Quedaron, por el momento, con poca credibilidad cómo esperanza de cambio: por su falta de principios y convicciones, por la incongruencia política, por la ambición monetaria, y por mera novatez.




