Por Jacobo Vázquez
¡ASÍ ESTAMOS A TODA MADRE!
Mientras los legisladores del PRI y MORENA le seguían dando el “espaldarazo”, al señor Jesús Conde Mejía sí le dio pena, y renunció a su recién estrenado puesto como contralor interno en el Congreso del Estado.
Luego de la presión mediática, se veía venir que el ex colaborador de Fernando Toranzo le quedaban tres opciones: renunciar, que lo renunciaran los diputados, o que la presión de la sociedad lo echara fuera.
Hombre sensato, no quiso pleito, y escogió la primera opción.
Antes de despedirse, ofreció una conferencia de prensa y le pareció apropiado darse a sí mismo un baño de pureza frente a las cámaras y micrófonos de los medios.
Negó que tuviera un pasado de corrupción, habló de su trayectoria, y pidió a sus impugnadores que comprobaron sus dichos, pues dijo, tiene una reputación que cuidar.
De esa manera, sus opositores quedaron emplazados.
Vamos a ver a qué horas los ciudadanos, líderes de opinión, empresarios e integrantes de asociaciones civiles y políticas, le dan gusto y comprueban las acusaciones que lanzaron en su contra, desdorando su inmaculada imagen pública.
Parece que al señor solo se le daría gusto cuando se le exhiba una contundente sentencia condenatoria dictada por un juez de la causa.
En tanto el irreprochable sistema de justicia y de anticorrupción no se pronuncie en su contra, él tiene todo el derecho de que no se le acuse. Tiene razón. Y tiene también el derecho de bañarse en pureza cuantas veces quieran los medios de comunicación atender su llamado.
Para él, por supuesto, no cuenta la opinión de la ciudadanía, que le perdió toda confianza, entre otras cosas porque como funcionario de Fernando Toranzo fue cómplice en la desaparición de cientos de millones de pesos.
También es lo de menos que tenga una denuncia penal por el desfalco del fondo de pensiones, en el expediente 15948/16, con oficio 941-2016, de la Fiscalía, y en la mesa dedicada a los servidores públicos, según detalló Guadalupe González, de Ciudadanos Observando.
De Martha Zúñiga, la otra funcionaria recién designada por el Congreso como tesorera, y de la que también se pidió su salida, ya se anunció que habrá una manifestación este jueves por la mañana en el Congreso, para insistir en que sea renunciada.
Así, los diputados perdieron la oportunidad de rectificar en ese cuestionado nombramiento. Pudieron hacerlo, salvar la cara, pero a ninguno de los 27 le interesó.
Y es que no todos estuvieron implicados en tal designación, aunque con su silencio lo hayan avalado. Algunos de los diputados ni siquiera se dieron cuenta que Conde Mejía estaría en la contraloría hasta momentos antes de que se les tomara protesta en una sesión del pleno.
Eso fue porque la negocia se hizo entre los coordinadores de cada bancada, dentro de una reunión de la Junta de Coordinación Política.
A los legisladores de esta LXII Legislatura, quienes ya se encuentran muy desprestigiados antes de que cobren su primera quincena, les hubiera servido rectificar de cara a los ciudadanos, y así hubieran dado la imagen de que estaban atentos a escuchar las inconformidades de la gente que dicen representar.
Todos prefirieron fingir demencia, y los legisladores que habían promovido al indeseado profesionista sin duda lamentaron que perdieron a un empleado que les iba a servir mucho. No para dignificar el Congreso. Pero les iba a servir mucho.
En el fondo, estos diputados locales recuerdan a un viejísimo político de la era más corrupta del PRI, Carlos Jonguitud Barrios.
Al mismo tiempo que Conde Mejía se daba su baño de pureza, el contador Eduardo Zúñiga, integrante del Grupo Plural, relataba en una entrevista por Internet que, cuando al ex cacique sindical le propuso crear una contraloría estatal que evitara la corrupción, el cínico político le contestó:
— Agradezco sus buenas intenciones, pero, así como estamos, ¡estamos a toda madre!




