“Los niños piden a gritos que no se les separe de sus padres y, aún así, eso es lo que el gobierno de Estados Unidos está haciendo”.

Así describe Lee Gelernt, abogado de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) una escena que, según las denuncias de activistas como él, se repite en la frontera de Estados Unidos con México.

“Los menores, sobre todo los más pequeños, están aterrorizados. Es mera crueldad”, señala.

Como parte de su esfuerzo por combatir la inmigración irregular, objetivo prioritario del presidente Donald Trump, las autoridades estadounidenses han empezado a separar a los menores de sus padres inmigrantes si los interceptan sin permiso para estar en el país.

El fiscal general estadounidense, Jeff Sessions, lo explicó en una reciente visita a Scottsdale, en el estado fronterizo de Arizona.

“Si están metiendo un niño sin permiso, les vamos a perseguir, y ese niño se separará de ustedes”, advirtió a los inmigrantes.

Eso es lo que han estado haciendo los agentes de la Patrulla Fronteriza y la Fuerza de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).

El gobierno federal sostiene que los grupos organizados de traficantes de personas se están aprovechando de las lagunas en las leyes estadounidenses para mantener su negocio y denuncia lo que califica como política de “fronteras abiertas” heredada de la era Obama.

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