En un evento histórico encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum en la Ciudad de México, que reunió a gobernadores y más de 2,400 alcaldes del país, las expectativas de muchos se quedaron en el aire, incluida la del alcalde de San Luis Potosí, Enrique Galindo Ceballos, quien no sólo quedó relegado al fondo de la audiencia, sino que tuvo que hacer fila para ingresar al recinto, contradiciendo sus propias declaraciones previas.
Días antes del evento, Galindo había presumido su invitación al acto, asegurando que se le otorgaría un lugar preferente y que aprovecharía la ocasión para presentar su plan y estrategia de seguridad directamente a la presidenta Sheinbaum. Sin embargo, la realidad mostró una historia muy distinta. En lugar de destacar entre los asistentes, el alcalde potosino terminó ubicado hasta atrás y en una esquina, lejos de la visibilidad y del supuesto trato VIP que había anunciado con bombos y platillos.
Además, imágenes y testimonios dejaron en evidencia que Galindo, lejos de ser recibido con distinciones, tuvo que pasar por los mismos filtros que cualquier otro alcalde presente, en contraste con el discurso de exclusividad que manejó antes del evento. Este detalle no pasó desapercibido por los asistentes ni por las redes sociales, que rápidamente señalaron el contraste entre lo prometido y lo ocurrido.
El evento, diseñado para fortalecer la coordinación entre los tres niveles de gobierno, incluyó a figuras políticas de relevancia nacional. Sin embargo, la participación de Galindo no trascendió más allá de ser un nombre más en la larga lista de alcaldes presentes, lo que deja en duda la efectividad de sus gestiones para posicionar a San Luis Potosí en la agenda presidencial.
Mientras que otros gobernadores y alcaldes lograron captar la atención de medios y funcionarios federales, el alcalde potosino enfrentó críticas por su limitada influencia en el encuentro, sumando un episodio más a las controversias que han marcado su administración.




