Es probablemente la medida más ambiciosa tomada por su gobierno para combatir el cruce ilegal de la frontera con México, el tipo de iniciativa que se supone debería promocionar en Twitter y frente a las cámaras como prueba de que toma medidas firmes para contener la inmigración no autorizada.
Sin embargo, Donald Trump no ha dicho una sola palabra sobre el cambio de política anunciado hace una semana.
Bajo las nuevas reglas, se pone prácticamente fin a los asilos, al no considerarse solicitudes de migrantes de otros países que atravesaron México y cerrando las puertas a decenas de miles de personas que le escapan a la violencia y la pobreza en El Salvador, Guatemala y Honduras.
Trump no ha enviado un solo tuit ni hablado del tema en público, ni siquiera cuando le preguntan. Un periodista tocó el tema la semana pasada y el presidente se fue por la tangente. Su asesor más prominente en el tema inmigratorio, Stephen Miller, no mencionó el tema durante una presentación en un programa de televisión el domingo.
La actitud distante de Trump y su gente llama la atención a quienes llevan más de dos años resistiendo las políticas inmigratorias del gobierno.
“Nos sorprendió a todos el que el gobierno haya admitido que la política podría quedar sin efecto pronto y haya insinuado incluso que no era tan abarcadora como se pensaba”, declaró el abogado de la Unión de Libertades Civiles Lee Gelernt. “Generalmente, (el gobierno) trata de presentar sus políticas como algo integral y sin precedentes”.
La Casa Blanca no respondió a numerosos pedidos de comentarios de la estrategia y varios altos funcionarios dieron la impresión de que no prestaban demasiada atención al tema.




