Por soberbia, Xavier Nava Palacios, alcalde de la capital, ha hundido su proyecto rumbo a la gubernatura.
Hechos que señalar de su conducta hay muchos, pero el más grave es la agresión que ordenó en contra de la oficial del Registro Civil, Teresa Carrizales Hernández, perpetrada hace una semana por su jefe de Seguridad Pública, Edgar Jiménez Arcadia, un enano de la administración que fue creciendo hasta ganarse la incondicionalidad y complicidad del jefe.
Xavier Nava no ha podido mantenerse en el poder haciendo alusión al legado de su abuelo, el doctor, Salvador Nava Martínez, porque ni es honesto, ni es transparente y porque la traición comienza a ser su signo.
De ser la opción, Nava Palacios ha pasado a la decepción. Ni una sola obra o acción le han permitido posicionarse como un político con autoridad e inteligencia porque, o no las tiene, o la soberbia no lo deja expresar su verdadera esencia.
A Nava le ha faltado tiempo para administrar su gobierno y su equipo de colaboradores, pero le ha sobrado para protagonizar escándalos de bacanales en restaurantes públicos con escorts como acompañantes, defensas apasionadas de sus colaboradoras cercanas, pero agresiones y discriminación contra hombres y mujeres que no se le entregan como incondicionales.
También le ha sobrado tiempo para soñar con un futuro de gobernador, pero le ha faltado para transparentar gastos, contratos, adquisiciones y, más aún, parece haber olvidado cumplir las promesas que hizo a los empresarios que financiaron su campaña.
Xavier decidió que no sólo podía con el proyecto a la gubernatura y se ha montado en uno de sucesión, perfilando a Oscar Valle Portilla, al colocarlo en la oficina de Desarrollo Social. Así rompió con el pacto que tenía con Sebastián Pérez para que se quedara al frente de la alcaldía capitalina del 2021 en adelante.
Los políticos suelen apreciar la lealtad, pero a Nava Palacios eso no se le da. Fue así como despidió a su jefe de Comunicación por un escándalo y un conflicto ocasionado por Nadya Amezola. A ella se le ocurrió construirle, al menos, una docena de enemigos en los medios de comunicación.
Le elaboró una campaña negra cuando exhibió facturaciones por publicidad a conveniencia, sin contar, claro, su agencia de publicidad, Pulso, San Luis Hoy, El Sol de San Luis y los corporativos Plano Informativo y Global Media; todos aliados de la administración, buscando polarizar al gremio al colocar etiquetas.
Xavier desprecia a las mujeres, las usa, las exhibe, no importa que sea su propia esposa. A Nancy Puente la obligó a aparecer en un movimiento en defensa de la ex playmate venezolana María Fernanda Castrillo, directora de Imagen Institucional, a la que defendió con uñas y dientes y con quien se le ha relacionado sentimentalmente.
Igual ha sido captado con mujeres que no son su esposa en Ixtapa, en la boda de la hermana de su secretario particular Pablo “barrilito” Zendejas. A Nadya Amezola le permitió trabajar efectivamente en el odio colectivo contra él, a cambio de elogios y sometimiento total.
El resto de las trabajadoras del Ayuntamiento no han corrido con suerte; por temor, se han callado casos de acoso y despido con especial saña. Hundido en su soberbia, Xavier no escucha, no ve, no oye.
Es esa soberbia la que le obligó a negar violentamente el caso de abuso que sufrió la Oficial del Registro Civil, Teresa Carrizalez Hernández cuyo pecado fue insistir en que estaban haciendo cobros indebidos a la población de San Luis Potosí.
El video alcanzó los medios nacionales y fue hasta entonces que decidió aceptar, bravuconerías de por medio, que haría una investigación. No tuvo los arrestos para admitir un error y mucho menos los tiene para destituir a Edgar Jiménez Arcadia, ahora su complice; olvídense de que pueda ofrecer una disculpa a la agraviada.
El rostro represor, abusivo, indolente y misógino encendió todas las alarmas. Los neonavistas y quienes financiaron su llegada al cargo admitieron su decepción y aprovecharon para recordar que han pasado 10 meses y la mesa colegiada encargada de aprobar nuevos desarrollo inmobiliarios, no ha expedido una sola autorización. La paciencia se acabó.
Decepcionados hasta la ignominia, los mecenas de Xavier deben llorar en silencio, deben guardar los reclamos y procesar su coraje, deben esperar a que se autodestruya; han dado un paso atrás y empollan ya un nuevo proyecto.
Xavier ha perdido a sus amigos y leales; ahora transita entre enemigos y convenencieros y no se ve manera de que el PAN lo quiera perdonar; ha mancillado el honor de la familia, el mismo que cuidó al extremo el último gran cacique de San Luis Potosí, don Horacio Sánchez Unzueta, sagaz político, controvertido sí, pero respetuoso de la familia.




