¿HAY CUARTA TRANSFORMACIÓN EN SLP?
Jacobo Vázquez
Lo que AMLO llama “Cuarta Transformación” es un cambio de régimen.
Nunca pensó en una simple mudanza de gobierno, o en una alternancia para que el sistema quedara igual, con la “mafia del poder” haciendo de las suyas, como ocurrió con el bufón de Vicente Fox Quesada.
Quizá pudo llegar antes a gobernar, pero para eso –él mismo lo dijo– habría tenido que hacer acuerdos con algunos de los hombres más poderosos del país, lo cual le hubiera atada para hacer los cambios.
Hoy puede, con obstáculos, pero con cierta holgura, estar impulsando esa transformación de instituciones y de programas sociales. Lo que se irá traduciendo en un cambio constitucional que se verá con más claridad en el 2021 y en el 2024.
¿Cuáles son los ejes de esa Cuarta Transformación? Aunque es amplia la agenda propuesta por el presidente, hay directrices claras que dan peso e identidad al cambio de régimen.
Tales líneas son, sobre todo: el combate a la corrupción, en primerísimo lugar; y la austeridad, que elimine de una vez el tener un gobierno rico con un pueblo pobre.
Como debía ser, ha sido el propio Andrés Manuel quien no solo marcó tal ruta, sino que ha puesto el ejemplo.
Se rebajó su sueldo a un 40 por ciento de lo que ganaba Enrique Peña Nieto, y ha llevado esa austeridad a todo su gobierno, prescindiendo de lujos, y desechando gastos superfluos.
Al mismo tiempo, impulsó una ley para que nadie pudiera ganar más que él.
Del combate a la corrupción también da muestras todos los días, pero quizá lo ocurrido en PEMEX, con el tema del combate al huachicoleo y la complicidad de funcionarios, es lo más relevante en esa área hasta el momento.
La transformación que vive el país fue impulsada por ese liderazgo trabajado por más de tres décadas, por eso resultan ridículos los intentos de hacerle “contrapeso”, con grupitos de café y protagonismo mediático, como el de reciente creación en que se afilió el alcalde Xavier Nava.
Por supuesto que a San Luis Potosí estarán llegando, vía federal, los beneficios de esos cambios: guardia nacional, programas sociales para jóvenes, adultos mayores, tandas para pequeños comerciantes, etcétera.
Se trata de un cambio de visión, de un manejo de la economía diferente, en la que, por ejemplo, en vez de darle millones y millones de pesos a una empresa extranjera para que instale una fábrica, tales recursos irán a los productores locales o al campo, generando más empleo y mayor riqueza en las comunidades.
Pero, cabe preguntarse: ¿Hay Cuarta Transformación en San Luis Potosí?
Por supuesto que no con referencia al gobierno estatal, donde está como jefe del Poder Ejecutivo un tipo mediocre y corrupto emanado del PRI, como es Juan Manuel Carreras López.
Carreras, al no ser de MORENA ni obradorista, no está comprometido; salvo a rebajarse el sueldo por mandato de ley.
Esto tampoco tiene que ver con el gobierno municipal de la capital, a cargo de un individuo igual de mediocre que el anterior, pero además falso, porque se arropó y lanzó loas a un movimiento que luego traicionó.
El, como gobernante emanado del PAN, tampoco está presionado a la congruencia con el presidente de la República. Tan no lo está, que al llegar se aumentó el sueldo, metió a parientes entre así a cargos de su gabinete, y se le acusa ya de corrupción, de entregar obras sin licitación, y de falta de transparencia.
¿Quiénes son entonces los que tenían la encomienda de impulsar la Cuarta Transformación en San Luis Potosí? Desde luego que quienes llegaron a un cargo público vía la imagen y el arrastre electoral de Andrés Manuel López Obrador.
Es patético, en ese sentido, que la diputada Paola Arreola todavía se le haya ocurrido presumir que a ella sí le costó llegar al cargo, cuando ni en sueños hubieran votado por ella sin el respaldo de AMLO.
Igual con el resto de legisladores que llegaron por el partido de López Obrador: Angélica Mendoza, Pedro Carrizalez, Marite Hernández, Mario Lárraga, Edson Quintanar, Consuelo Carmona, Alejandra Valdez, y Rosa Zúñiga.
Ellos estaban obligados a mostrar sin pretextos y de manera contundente que estaban comprometidos con el liderazgo y el partido que les dio el puesto, sin que ellos se lo hubieran ganado por trabajo, trayectoria o popularidad.
Eso era más que suficiente para que tuvieran un poco de vergüenza y decencia, respondiendo a los parámetros marcados por AMLO en torno al combate a la corrupción y la austeridad en su desempeño.
El hecho de que por varios trienios el Congreso del Estado haya ido de degradación en degradación, les daba una excelente oportunidad de marcar la diferencia.
No la aprovecharon, muy pronto quedó explícito que, como dice el notario público Eduardo Martínez Benavente, “les hizo comezón la codicia”.
A esa incongruencia y codicia han sumado la ineptitud, la simulación, y el vil engaño a quienes votaron por ellos, dejando en claro personalidad de vividores de la política.
Ellos estaban comprometidos a combatir las componendas que hay entre la Auditoría Superior del Estado (ASE), el Congreso, algunos municipios y el Gobierno de Juan Manuel Carreras
Moralmente les correspondía sancionar a los diputados de la “ecuación corrupta”, y cambiar el pacto de impunidad que existe, incluso proponiendo cambios legislativos de fondo en tal aspecto, pues ya se vio que el organismo autónomo de la ASE en vez de eliminar la corrupción, la solapa.
No lo hicieron, ni se les ven señas de hacerlo. Y eso que, al obtener la presidencia de la Comisión de Vigilancia, hoy en manos de Marite Hernández Correa, tuvieron la posibilidad al menos de intentarlo.
Fue lo contrario: la legisladora Marite lo primero que hizo fue avalar los dictamenes exculpatorios que la anterior Legislatura hizo para los protagonistas de aquella célebre “ecuación corrupta”.
A la fecha, ni por esa diputada, ni por los otros ocho legisladores que llegaron por la Coalición Juntos Haremos Historia, se ve ninguna crítica, investigación, o denuncia, para el combate a la corrupción.
No les ha interesado ser un verdadero contrapeso al gobierno de Carreras, son hoy igual que los del PRI o los del PAN, simples tapaderas vergonzantes.
En la otra línea de la Cuarta Transformación, la de la austeridad, también están traicionando a AMLO.
Estaban impelidos no solo a descontarse el sueldo como prometieron y como luego dispuso López Obrador por ley, sino a revisar con lupa el presupuesto estatal para plantear un rediseño de todo lo que se gasta en el estado, a fin de darle un destino con la misma mística con que hizo el Peje en el ámbito federal.
Pero tal cosa tampoco se ve que siquiera lo hayan intentado. Desde el primer día que tomaron posesión enseñaron el cobre, con su coordinador Edson Quintanar dejando claras sus ambiciones en cuanto al sueldo que según él debían percibir.
Después solo se han enredado con falsedades, como la de rebajarse según ellos el 10 por ciento del sueldo o la de no disponer del servicio médico para gastos mayores, ambas cosas en el fondo han sido mera simulación para salir del paso ante las críticas en su contra.
Algunos comentaristas críticos o líderes de la izquierda todavía los quieren tratar con cierta consideración, dicen que se les debe dar una oportunidad, pero está visto que oportunidades han tenido muchas; y que, con ellos, la Cuarta Transformación a nivel estatal seguirá esperando mejores tiempos, porque hoy es letra muerta..
Otros no se engañan, y ya los ven como lo que son: traidores a AMLO y al proyecto de la Cuarta Transformación. Si alguno de esos nueve diputados logra reelegirse en el cargo será un milagro. Los potosinos ya se dieron cuenta que se trata de simuladores, de farsantes, de traidores.




