El gobierno federal reubicará a 7 mil familias cuyas viviendas quedaron en zonas de alto riesgo tras las lluvias de octubre en Hidalgo, Puebla y Veracruz.
La reubicación de familias damnificadas se ha convertido en una de las decisiones más complejas y sensibles tras las intensas lluvias que azotaron el centro y oriente del país en octubre pasado. No se trata solo de reconstruir casas dañadas, sino de reconocer que el territorio cambió y que, en muchos casos, volver a habitar esos espacios representa un riesgo permanente para la vida.
El gobierno federal, en coordinación con los estados de Hidalgo, Puebla y Veracruz, ha iniciado el proceso para reubicar al menos a 7 mil familias cuyas viviendas quedaron asentadas en zonas consideradas de alto riesgo, luego de que cerros se deslizaran y se abrieran socavones de gran magnitud.
El diagnóstico tras la emergencia
De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), el fenómeno climatológico dejó alrededor de 70 mil viviendas con distintos niveles de afectación. Sin embargo, tras recorridos técnicos y evaluaciones conjuntas con autoridades estatales y la Secretaría del Bienestar, se determinó que unas 7 mil no pueden seguir siendo habitadas.
La titular de Sedatu, Edna Vega Rangel, explicó que estas viviendas no son asentamientos irregulares, sino predios legalmente establecidos que hoy enfrentan una nueva realidad ambiental. El cambio climático ha alterado la estabilidad del suelo, convirtiendo zonas antes seguras en espacios vulnerables.
La primera respuesta: apoyo inmediato
Antes de hablar de relocalización, el Estado actuó en una fase de emergencia. Las familias recibieron apoyos iniciales para la limpieza de viviendas inundadas y el retiro de lodo. Posteriormente, se entregaron recursos económicos que oscilaron entre 20 mil, 30 mil y hasta 70 mil pesos, dependiendo del nivel de daño.
Estos apoyos permitieron atender lo inmediato, pero no resolvieron el problema de fondo: miles de hogares quedaron en lugares donde una nueva lluvia intensa podría provocar una tragedia mayor.
Reubicación de familias damnificadas y el reto del consenso
Aquí comienza la parte más delicada del proceso. La reubicación de familias damnificadas no será obligatoria ni implicará desalojos forzosos. Sedatu ha sido clara: el traslado solo se realizará con el consenso de las comunidades.
En regiones como Xalti, en la zona de Huayacocotla, Veracruz, comunidades enteras quedaron prácticamente sepultadas por el lodo tras el deslave de un cerro. Convencer a las familias de abandonar el lugar donde han vivido por generaciones no es sencillo, pero las autoridades han iniciado un trabajo de sensibilización basado en la prevención de riesgos.
Buscar tierra segura: el siguiente paso
En conjunto con los gobiernos estatales, se están identificando reservas territoriales donde las familias puedan ser reubicadas de forma segura. No se trata solo de mover personas, sino de garantizar condiciones dignas: acceso a servicios, conectividad y estabilidad del suelo.
Inicialmente, tras las inundaciones, se habían identificado 4 mil 500 familias en condiciones de alto riesgo. Sin embargo, nuevas evaluaciones elevaron la cifra a 7 mil, lo que refleja cómo los efectos ambientales continúan modificando el mapa de vulnerabilidad en el país.
Un problema que va más allá de tres estados
Aunque Hidalgo, Puebla y Veracruz concentraron las mayores afectaciones, Sedatu también mantiene atención en entidades como San Luis Potosí y Querétaro, donde los daños fueron menores, pero igualmente significativos. La estrategia busca sentar un precedente para futuras emergencias, ya que eventos extremos serán cada vez más frecuentes.
El cambio climático y la vivienda en México
Este proceso marca un punto de inflexión en la política habitacional. Colonias que nacieron de manera regular hoy se enfrentan a condiciones que nadie previó hace décadas. La gestión de riesgos ya no es una medida excepcional, sino una necesidad estructural.
La reubicación de familias damnificadas plantea preguntas profundas: ¿dónde construir?, ¿cómo prevenir?, ¿qué hacer cuando el territorio deja de ser habitable? Las respuestas no son simples, pero ignorar el problema tendría un costo humano incalculable.
Un traslado para salvar vidas
Más allá de cifras y trámites, el objetivo es claro: evitar que una próxima temporada de lluvias cobre vidas. El proceso será largo, complejo y emocionalmente difícil, pero representa una apuesta por la seguridad y la prevención.
Al final, la reubicación de familias damnificadas no es solo una medida administrativa. Es el reconocimiento de que el país debe adaptarse a una nueva realidad climática y que proteger a las comunidades comienza por aceptar que, en algunos lugares, quedarse ya no es una opción segura.
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