La Universidad Autónoma de San Luis Potosí atraviesa por una profunda crisis bajo el rectorado del doctor Alejandro Zermeño, quien va en su segundo periodo arrastrando una pesada cobija de intereses del conservadurismo más rancio que ha hecho mucho a San Luis Potosí.

Mientras la institución enfrenta una caída en su prestigio, la alta burocracia universitaria disfruta de sueldos estratosféricos y pensiones doradas a los exrectores que parecen desconectadas de la realidad de la comunidad universitaria, del carácter público de alma mater, para convertirse en un feudo de personajes siniestros de la política y la prensa potosina.

La situación se agrava con la pérdida de lugares en los rankings nacionales e internacionales, es un reflejo de la disminución en la calidad académica y en la investigación. Los recursos destinados a la investigación se han reducido y los docentes reciben salarios bajos, lo que afecta la calidad de la enseñanza y la motivación del personal académico.

Los criterios selectivos (a favor de las clases pudientes) que dominan el examen de admisión y las altas colegiaturas, excluyen a miles de estudiantes de bajos recursos, de hijos de campesinos, obreros, empleados, quienes ven imposible acceder a una carrera de licenciatura y se convierten en esa masa anónima de aspirantes “rechazados”.

La combinación de estos factores ha generado un rechazo creciente entre la comunidad estudiantil y académica, poniendo en duda el rumbo y la gestión del rector Zermeño, y poniendo en riesgo el futuro de una de las instituciones más importantes del estado.

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