Aún no ha protestado el cargo y Jair Bolsonaro encabeza una serie de escándalos internos y externos. El aún presidente electo de Brasil ha aparecido estos días en los medios de comunicación bajo escándalos de corrupción y desvío de recursos a través de su chofer.

Pero también se le ha mencionado luego de que el actual presidente venezolano, Nicolás Maduro, lo acusara de urdir un plan para “derrocarlo y asesinarlo”. Un plan, que según el heredero de Hugo Chávez, vendría desde la Casa Blanca y se daría en complicidad con el gobierno de Colombia.

Recordemos que en campaña, Bolsonaro criticó duramente la cercanía del Partido de los Trabajadores (del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva) con el régimen chavista. En los planes de política exterior de su gobierno, se perfila claramente una ruptura no únicamente con el gobierno venezolano, sino con cualquier otro gobierno de corte de izquierda populista.

Venezuela es hoy por hoy, un Estado fallido. El desabasto de alimentos, medicamentos, el hambre y las oleadas de personas huyendo de la pésima situación económica del país han estado en los noticieros, prácticamente desde 2015. Sin embargo, la evidente incapacidad del gobierno para controlar la situación ha empezado a poner en jaque el débil gobierno de Maduro que hace denodados esfuerzos por sostenerse en el poder.

Así, la llegada de un ultra derechista como Bolsonaro al vecino Brasil pareciera haber sido una bocanada de aire fresco para el moribundo régimen dictatorial venezolano que, una y otra vez, ha recurrido a la estrategia del “enemigo común” para tratar de desviar la atención y generar apoyos internos entre sus correligionarios del chavismo y los ciudadanos de a pie.

En el mundo, Venezuela está cada vez más aislado pues sólo cuenta abiertamente con Rusia y Turquía como apoyos económicos y ciertas simpatías de partidos de izquierda en América Latina y en Europa.

Compartir