Lo que menos está pidiendo la gente ahora, es un decálogo como el que se sacó de la manga el alcalde Xavier Nava.
¿Quién lo asesora? ¿Quién lo convenció de salir con esta ocurrencia? ¿A quién quiere tomarle el pelo?
Los mismos dirigentes empresariales y medios de comunicación que le son afines, le están pidiendo desde hace varios días que ya mejor se ponga a trabajar, se deje de acciones mediáticas y mejore los servicios municipales que van en picada como la seguridad, el bacheo y el alumbrado.
Cuando ya existe un conjunto de normas y leyes que nos rigen a todos, sale sobrando cualquier decálogo de conducta de los funcionarios municipales, es innecesario, es una vacilada.
¿Por qué presentar este decálogo? ¿Quiere presumir que es un político muy derecho? ¿Quiere curarse en salud? ¿La conciencia lo traiciona?
Solo es mera propaganda para apantallar a los que se han creído su discurso de dignidad y honestidad, fincado… solo en la memoria de su abuelo Salvador Nava.
Si un funcionario con descaro viola la ley para favorecer a sus parientes con cargos públicos y entrar en componendas, si elude las licitaciones públicas para asignar por dedazo contratos millonarios de servicio médico, medicinas y gasolina, de qué servirá el dichoso decálogo, quizá de adorno.
Desde el patio de la UAM, escenario ya frecuente de sus “posicionamientos”, muy serio desglosó su decálogo: ¡honestidad, respeto a la ley, transparencia, actitud de servicio, trabajo en equipo, productividad, profesionalismo, eficiencia, lealtad y austeridad!
Toca a la ciudadanía juzgar si el alcalde Nava cumple con su propio decálogo, si se merece el sueldo que se autodesignó por un monto muy cercano al que ganará el presidente electo AMLO, cuando tiene una responsabilidad menor y no ha dado muestras de encabezar un gobierno con esos valores que antepuso como guía de su quehacer público; la austeridad no parece ser su fuerte.
Como parece que ya se dio cuenta de que no es lo mismo ser oposición que gobierno, le urge aparecer más en los medios de comunicación aunque sea con meras simulaciones, como la de salir por la noche junto con su esposa para barrer algunas calles sucias de la ciudad, subirse a un camión urbano por primera vez en su vida para demostrar que es del barrio o presentar un decálogo que nadie se toma en serio, ni sus propios funcionarios a los que está dirigido.




