Hace días hubo un intento para quitar a Edson Quintanar Sánchez como coordinador de la fracción legislativa de MORENA en el Congreso del Estado.
Hasta el momento, parece fue solo un intento fallido. Pero es curioso que, integrado por cinco mujeres y un hombre, tal grupo sea representado por este último.
Tal decisión tomó más relevancia al ser MORENA grupo mayoritario en el Congreso, pues de manera automática tal representante pasó a ser el presidente de la Junta de Coordinación Política (JUCOPA) de la LXII Legislatura.
Ese órgano interno es donde se toman todas las decisiones administrativas, financieras, políticas y laborales más importantes. También está la presidencia de la Mesa Directivoa, ocupada por Sonia Mendoza, pero este organismo es más protocolario y de representación.
De esa forma, la decisión de esas cinco mujeres morenistas afectó a todo el Congreso de San Luis Potosí, y con ello a todos los potosinos.
¿Dónde quedó la equidad de género en ese partido que se dice de izquierda? Si se trata de una abrumadora mayoría femenina, ¿por qué ellas le dieron la oportunidad a un hombre para que las representara?
¿Fue porque Edson, a pesar de su juventud, es un hombre brillante, capaz, de mucha experiencia? ¿Les deslumbró la ideología, los logros, la trayectoria y el apoyo popular de este diputado, al punto de cederle el puesto más importante en el Congreso?
¿O fue que ellas son muy limitadas, sin preparación, ignorantes?
Todo indica que no: entre esas cinco mujeres hay una con estudios de ciencia política, otra con licenciatura en derecho, maestría, y estudiando un doctorado, una más es profesora, y así por el estilo.
Por primera vez en la historia en este Congreso estatal y en el de la Unión, se logró una paridad de género que era algo deseado por las corrientes progresistas y por el movimiento feminista desde hace muchas décadas.
No obstante, esa paridad de género necesita del trabajo, la visión, la responsabilidad y el empuje de las propias mujeres, pues sino es así, lo que vamos a estar viendo son estos casos patéticos como el de las cinco mujeres diputadas que rodean al citada Edson.
Para acabarla, dichas mujeres no están solas, se les suma una más, que es la madre de Edson, quien no dejó solo a su retoño desde que se anunció el triunfo de este el primero de julio.
Muchas malas decisiones fueron responsabilidad de ella, quien pensó incluso en un primer momento ocupar la oficialía mayor del Congreso, reflejando con ello que en realidad no sabía ni en donde andaba parada. A algunas personas también les confesó que quiere ir preparando el terreno para buscar la alcaldía de Xilitla, dentro de tres años.
Luego de los repetidos cuestionamientos mediáticos por el protagonismo indebido que tenía esta mujer en las cuestiones del Congreso, parecer haberse retraído un poco, o al menos estar viendo ahora las cosas e interviniendo desde el closet.
Esta circunstancia familiar que afecta a Quintanar fue vista y comentada por las cinco diputadas que integran la fracción de MORENA, pero ni eso fue suficiente para que se pusieran de acuerdo, y que una de ellas, atendiendo a principios de mayoría de género y de capacidad, se quedara con el puesto.
Quien estuvo más cerca de dicha posibilidad fue Marite Hernández Correa, una activista social con larga experiencia en la protesta callejera de izquierda, académica, licenciada en derecho, con maestría, y estudios de doctorado.
Pero ella quedó inhabilitada de inmediato al verse metida en este tipo de pequeñas grillas de poder, mareada por la altura del ladrillo, y en una política de salón que muy rápido la rebasó; aunado eso a una evidente falta de criterio, convicciones reales, y firmeza para pelear por el espacio.
Más se le complicó a Marite responder de manera adecuada al reto de coordinar a sus compañeros cuando entró en una confrontación desgastante con Paola Arreola, quien también peleaba tal cargo.
Aun cuando la hija de Jorge Arreola Sánchez no podía acceder al puesto, pues llegó como integrante del Partido del Trabajo y no de MORENA, estuvo a punto de ser ella la coordinadora, luego de que a base de verbo e intrigas avasallaba de manera bochornosa a Hernández Correa.
Con Hernández quedó claro que una cosa es mentarle la madre al gobierno desde las protestas callejeras, y otra negociar con el diablo apoltronados ya en muy confortables curules, seducciones de todo tipo, y un sueldo de 115 mil pesos mensuales que no ganará ni el próximo presidente de la república.
Esa falta de carácter de la diputada —hija de un guerrillero que incluso fue preso político en el penal estatal—, más la división y envidias entre las mismas legisladoras electas, le abrieron las puertas a un joven que no estaba preparado ni para manejar con responsabilidad y congruencia su propio discurso, menos el de la bancada de su partido o la representación y los trabajos de la LXII Legislatura.
Este joven de Ciudad Valles, que se dio a conocer cuando dijo que tenía amigos en el crimen organizado y que por eso apoyaba la amnistía propuesta por el entonces candidato AMLO, resultó una decepción.
Quintanar perdió la partida no por su juventud y falta de experiencia, sino por lo gelatinoso de sus convicciones, la falta de aplomo, y por la incongruencia, al no poder sostener acuerdos ni con sus compañeros de partido ni con los ciudadanos que le dieron su voto.
A ambos les faltó.
Las primeros, sus colegas legisladoras, ya saben que no se puede confiar en él.
Pregúntenle a la diputada “Chelito”, del Distrito I, con cabecera en Matehuala.
El representante popular vallense es capaz de llegar a acuerdos con sus colegas para defender posiciones o perfiles para cargos dentro del Congreso y luego, en la mesa de negociación, a espaldas de ellos, cambiar la decisión tomada por su grupo.
Hasta donde se sabe, no lo hace porque sea (o no solo por eso) un “ambicioso vulgar”, como diría cierto pejelagarto al que “no le importa” el parecer de sus seguidores.
No, más bien sucede que Edson cae ante la presión de múltiples personajes que como tiburoncillos rodean al muchacho imberbe, y le hacen traicionar su palabra.
Al menos eso parece haber ocurrido con la designación del oficial mayor del Congreso, que recayó, para colmo, en una mujer que no cumple con los requisitos y se encuentra de manera ilegal ocupando tal puesto.
Pero la falta más grave de este coordinador, al igual que de las cinco mujeres que la acompañan representando a MORENA en el Poder Legislativo, es la de haberle fallado a los ciudadanos que vieron y ven en MORENA una esperanza de cambio.
No fue alguien del PAN, o del PRI, o del PRD, tuvo que ser un representante de AMLO, Edson Quintanar, quien en la primera sesión de la LXII Legislatura, al ser entrevistado, dijo que a él le parecería “justo” que los diputados ganaran entre 80 y 90 mil pesos mensuales.
Era el inicio. Ahora ya dejaron en claro que no se rebajarán el sueldo ni habrá programa de austeridad en el Congreso. A eso hay que sumar la opacidad, pues ya empezaron a ocultar el uso que darán al presupuesto. Algo que ni los anteriores legisladores se atrevieron a hacer con tal descaro.
Si el objetivo de estos representantes de AMLO, junto con el de los otros 21 diputados, es el de superar a sus nefastos antecesores, nadie puede negar que, por lo pronto, van bastante bien.





