-Designó altos mandos policiacos con pésimos antecedentes de incompetencia y corrupción
Del nuevo alcalde capitalino Xavier Nava Palacios, se esperaba más seriedad, inteligencia, profesionalismo, honestidad, compromiso y al menos un poco de imaginación.
La presentación de su gabinete para el periodo 2018-2021, es decepcionante para la sociedad, las altas expectativas de que haría un buen gobierno se esfumaron porque no se ha rodeado de mujeres y hombres competentes.
Su aire de superioridad moral y actitud mesiánica que dominaron su discurso de campaña para “recuperar la ciudad” frente al demonizado gallardismo del que formó parte por su ambición de poder, fue lisa y llanamente propaganda, es decir, puras mentiras.
Por los perfiles de quienes integran su equipo de trabajo, se evidencia que no sigue el ejemplo de su abuelo, el mítico doctor Salvador Nava Martínez, sino que sigue los mismos pasos que su padre, el arquitecto Luis Nava Calvillo, un constructor y ex funcionario de mala fama pública porque ambas actividades las ha desempeñado con deshonestidad, por decir lo menos; y siempre valiéndose de la figura paterna para recibir un beneficio indebido.
Los criterios con los que conformó a su gabinete saltan a la vista: pago de facturas políticas al PAN, al sector empresarial, al PRI y al gobierno del doctor Juan Manuel Carreras. No hay una vinculación con la mayoría de la sociedad, privilegió sus intereses y compromisos con las élites económicas y políticas; y en áreas como seguridad pública y manejo de los dineros públicos, colocó a personajes con un pasado truculento.
La decepción de iniciar su gobierno con un gabinete endeble, bajo sospecha y sin experiencia, se agrava por la falta de un proyecto de gobierno, es hora de que no ha dicho una sola palabra sobre qué tipo de ciudad va a impulsar.
Al desmenuzar a su gabinete, nos encontramos de entrada con un nombramiento que nos deja pasmados, es un grave error, por acción u omisión, que amerita una reconsideración para no mandar un mensaje de corrupción y cinismo a la ciudadanía y a la misma corporación.
Se trata del director de Policía Vial, Filemón (“El Mordelón”) Juárez Santana, quien siendo un oficial en el gobierno de Ricardo Gallardo Juárez, a cargo de la patrulla 3230, fue grabado en infraganti al extorsionar al chofer de un camión en la avenida de La Paz.
El video, que en su momento fue ampliamente difundido y sirvió para que Gallardo lo diera de baja, se los compartimos en este mismo espacio. ¿Los potosinos nos merecemos a un funcionario público como Filemón, proclive a la mordida?
Otra designación del alcalde electo Xavier Nava que genera desconfianza y en un cargo tan importante como es la titularidad de la DGSPM, es la del foráneo Edgar Oswaldo Jiménez Arcadia, quien fue cesado de su cargo anterior de jefe de la Policía Municipal de León, Guanajuato, por falta de resultados y haber contribuido a la alza del crimen organizado. ¿Qué compromiso estará pagando Nava al recoger a este policía desechado?
Del próximo secretario general del Ayuntamiento, Sebastián Pérez García, es poco lo que sabe de su origen y trayectoria, no hay nada que él mismo presuma, como formación académica o experiencia laboral. Es un enigma a descifrar, nos da una clave en su foto de perfil de Facebook: su gusto por las filosofías orientales al haber realizado un viaje a la India.
Si volteamos a otras áreas, nos encontramos al ¿panista? Gonzalo Benavente González al frente de la Dirección de Servicios Municipales, área que requiere de una entrega total y capacidad de coordinación, que no parece tener, hay que tener presente que fue director de Desarrollo Económico durante un breve tiempo en el gobierno gallardista, cargo al que llegó con adulaciones y engaños, pero fue cesado porque no cumplió en lo más mínimo, por su cada vez más pública y notoria afición por las fiestas de Baco.
Uno de los colmos del cinismo en el gabinete navista-panista, lo representa el nuevo titular de la Dirección de Obras Públicas, José Marco Antonio Uribe Ávila, quien hasta hace poco regenteaba la presidencia de la CMIC local, utilizó este organismo empresarial para cobrar un “porcentaje” a todas luces ilegal durante la gestión de Mario García por cada licencia de construcción tramitada; y como plataforma para sus ambiciones políticas y económicas.




