“Con tu sangre me voy a pintar aquí los cachetes”, así amenazó José Luis Romero Calzada, diputado priista a activistas, quienes no dudaron en recordarle el famoso video del burro con el que hizo campaña
Contra viento y marea, críticas y señalamientos por la ilegalidad que cometerían, los diputados en su última sesión extraordinaria, quisieron terminar de una buena vez con sus demonios.
La historia la marcaron desde el primer día que pisaron este Congreso, este pleno legislativo en el que desataron con sus actitudes y expresiones toda clase de manifestaciones, por eso nuevamente tuvieron público: líderes comerciantes, ciudadanos organizados y hasta un diputado electo se unió al rechazo… “Muertos políticos” gritaron en todo momento, no dejaron pasar oportunidad de sentenciar en cuanto hacían votación por nombre de cada legislador “robó por la patria”.
Y apenas comenzaba el teatro, luego del vaivén semanas antes en el que colocaron la reforma a la ciudadanización para elegir al Fiscal general, además del rechazo a la iniciativa ciudadana de la revocación de mandato, nada, nada que viniera a afectar intereses políticos pudo ser aceptado por los diputados. Estaba dicho, acordado y planchado. No alcanzaron la mayoría calificada requerida.
Luego una pequeña bandera ecológica y bajo presión de activistas de GreenPeace ahí presentes hizo que aprobaran, con yerros, la prohibición para los negocios de obsequiar en cada compra bolsas de plástico o popotes, establecerían un año como plazo… no tan convencidos determinaron esta propuesta como propia e inédita, pero errónea.
Pero la hora de la verdad llegó y la adrenalina invadía los nervios, las protestas enardecían cada vez más en el pleno, gritos de “rateros” y para que no aprobaran las cuentas solo los terminó de impulsar a hacerlo.




