Andrés Manuel López Obrador recibirá el próximo 1 de diciembre una economía marcada por claroscuros. Aunque sin crisis, como sucedió en otros fines de sexenio, el actual gobierno tampoco deja una situación boyante para el país.
La administración del presidente Enrique Peña Nieto ha hecho un esfuerzo para consolidar las finanzas públicas y dejar un superávit fiscal, que al primer semestre del año se ubica en 0.8% del PIB; sin embargo, el peso de la deuda alcanzó una tasa de 45.4% como proporción del PIB.
“El margen de maniobra en materia de finanzas públicas que dejarán al nuevo gobierno de López Obrador va a ser limitado, porque a lo largo de esta administración se observó un crecimiento constante en los niveles de deuda como porcentaje del PIB, y aunque ahora Hacienda tiende a reducir su participación, el costo financiero aún es elevado, por lo que la situación en las finanzas no es la óptima”, comentó James Salazar, analista económico de CI Banco.
Por el contrario, en materia de inflación, el trabajo del Banco de México y del gobierno ha sido bueno, dijo el especialista.




