Eduardo López Cruz, escritor, periodista, conductor de programas televisivos, como “Y Ahora que me Acuerdo” y “Lengua Larga”, apasionado lingüista y amante de la historia de San Luis Potosí, pero por encima de todo un tipazo.
Lejos de las poses que suelen adoptar los intelectuales, él fue siempre fiel a sus orígenes de barrio, directo, dicharachero, de sonrisa fácil que le iluminaba el rostro y nos lo iluminaba también a quienes tuvimos la suerte de conocerlo.
Ganador de diez premios estatales de periodismo; autor, entre otros libros, de “Díganme si estoy mintiendo” y “Por debajo del agua”, “Lengua Larga”, “Luna para condenados”, “Caramelos y condones” y “Cuadernos para los cuadernos”, rehuía de las poses fingidas que suelen adoptar los pensadores, por eso la gente lo conocía menos por el nombre propio que por su apodo: Calek, nombre de la revista que editaba en la escuela de Ciencias de la Comunicación de la UASLP.
Hoy, tras una larga agonía, el buen Calek se ha ido dejando para la posteridad sus obras y dejándonos -a quienes tuvimos la suerte de conocerlo más allá de sus dotes de pensador- un gran vacío que será imposible de llenar.




