+ SALE TOÑO LORCA, ENTRA JUAN RAMIRO ROBLEDO

Mónica Rangel Martínez, la doctora Covid o “doctora muerte”, como le llaman algunos, decidió cambiar de coordinador.

Lo hace a mitad de su campaña política a gobernadora, cuando faltan 45 días para la jornada electoral.

Y es que, todos lo ven, la señora no levanta: sigue en un lejano tercer lugar frente al “Pollo Gallardo” y el candidato del “combo chatarra” Octavio Pedroza.

Hasta hoy, de poco le está sirviendo tener el membrete ganador.

Pinta para mujer desesperada, y ya siente como que la “va a dar algo”, igual que a su colega Xavier Nava Palacios, ambos arribistas de última hora en MORENA.

Dada esa situación nerviosa, no se le debe culpar demasiado de que haya prescindido de un fifí inútil para echarse a los brazos de un dinosaurio priista desencanchado.

Antonio Lorca Valle es sobrino de la esposa del gobernador Lorena Valle. Y fue el primero que respaldó a la apestada candidata cuando muchos de los demás morenistas le hacían el fuchi.

Así, Toño Lorca, de la nueva generación de políticos potosinos, apareció a un lado de Moni cuando esta fue presentada como candidata de los morenos, cuando ella apenas unas semanas atrás fuera integrante del Consejo Político del PRI.

Ser sobrino del gobernador, le ayudó para conseguir esa coordinación de campaña, ya que, todo saben, Rangel es más candidata del gobernador que del lopez-obradorismo.

Pero era de esperarse que el inexperto Lorca no contara con la capacidad que requiere empresa tal: la coordinación de una campaña a gobernador en todo el territorio estatal de 58 municipios.

Fue hasta hace apenas unos tres años que al joven Lorca se le metió la punzada de la política, probando primero suerte en el PRD, y luego terminando en Morena.

Le falta experiencia, no está probado en terracería, nunca ha ostentado un cargo público, ni sido dirigente de ningún partido político.

Le falta carrera, ideología, verbo, relaciones, y le sobran ambiciones, pues si aparece seguido en la prensa no es por sus propuestas u opiniones políticas, sino porque los ejidatarios de La Pila lo acusan de que les quiere arrebatar sus terrenos.

Siendo fifí de cierta alcurnia, le critican que ande apareciendo como ejidatario de aquella delegación del Ayuntamiento capitalino.

El que llega es el conocido JR, quien ya anda con bastón, aunque él dice, cuando se hace referencia a su edad, que Joe Biden, el presidente de EUA tiene 78 años, mientras él es jovenazo que apenas rebasa los 70.

Pero el verdadero problema de Robledo Ruiz es que tampoco tiene mucho que ofrecerle a Moni, pues en el PRD nunca lo quisieron, en MORENA siempre ha estado apestado, y en el PRI solo los más viejos lo conocen.

Y es que, en las circunstancias actuales, la ciudadanía que podría votar por la doctora Covid tiene que ver con esa base electoral como voto duro.

Juan Ramiro tampoco es un líder de estructura, organización o arrastre en la cuestión electoral. Muy lejos en el tiempo y las circunstancias está el sonoro éxito que él y su colega Alejandro Leal tuvieron orquestando el fraude contra Salvador Nava en las elecciones de 1991.

Ramiro está bien, y es competente, pero solo elaborando sesudas intervenciones jurídicas que llaman la atención de tribunos, jueces, o magistrados.

Es más o menos bueno para hablar en una cámara diputados, o en espacios más cerrados, pero no podrá concertar para la candidata del partido en el poder mayores apoyos que los que ella ya ha recibido.

El propio pasado electoral habla de los pocos resultados juan-ramiristas. Al parecer nunca ha ganado ninguna elección de mayoría, y lo suyo, lo verdaderamente suyo, es que le adjudiquen candidaturas que van más aseguradas.

Fue senador en los tiempos del todo-poderoso-PRI, fue diputado local plurinominal por el PRD, y donde se midió de tú-a-tú con otros candidatos salió ofreciendo malos resultados.

Tal ocurrió cuando fue candidato a alcalde de la capital, y al presentarse a las elecciones de candidato a gobernador en el 2009, bajo las siglas de PRD-Convergencia-PT.

En ambas contiendas perdió sonoramente.

Pero, seamos justos, porque algunos comentaristas todavía le quieren exagerar los malos resultados, diciendo que como candidato a gobernador apenas alcanzó poco más del 4 por ciento de los votos.

No es cierto, anduvo cerca del 8 por ciento de la votación, cierto, es una cifra insignificante, pero es al menos lo doble que algunos le atribuyen.

Por otro lado, y para terminar, no deja de llamar la atención esa muy curiosa mescolanza y juego de intereses solapados que se está dando en la política local.

Lo decimos porque mientras el carrerista Juan Ramiro se va a apoyar a Mónica Rangel, su compinche macabeo Alejandro Leal Tovías dejó el gobierno del güero Carreras para irse a apoyar al panista-derechista Octavio Pedroza.

Quienes conocen a ese par (Caco Leal/Juan Ramiro) saben que son compinches de tiempo completo, y que a ambos los une su nostalgia por el PRI, y su lealtad al gobernador actual.

No se sabe en qué estaba pensando Pedroza Gaitán al llevarse también de coordinador al Caco Leal. Ahí, a su lado, será bueno para sabotear el trabajo, y para andar de soplón con el grupo donde está su ambicioso corazoncito: es decir, con Moni, Carreras, y Juan Ramiro.

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