A estas alturas, y de no haber sido AMLO, cualquier otro presidente (del PAN o del PRI) ya hubiera endeudado mucho más al país, tomando el pretexto de la pandemia del COVID.
Casi todas las administraciones prefieren endrogar más a los contribuyentes antes que apretarse el cinturón e implementar medidas de austeridad. Porque, ya se sabe, a la larga todo se carga al ciudadano.
Esos préstamos, que tienen a México con una deuda impagable, sirvieron siempre para ayudar a los más ricos (estilo Fobaproa), y para que los empresarios endosaran riesgos y pérdidas al gobierno (a la gente) mientras ellos seguían enriqueciéndose.
Su artimaña era argüir la generación o protección de empleos…, siempre, por cierto, muy mal pagados, de mera subsistencia para los trabajadores.
Hoy, sin endeudamientos de por medio, López Obrador enfrenta dos crisis muy serias (la citada enfermedad y la situación económica) que ya hubieran tumbado a cualquier otro gobernante con menos popularidad y apoyo.
No es gratuito lo que argumentan los seguidores amloistas, en el sentido de que se cuenta con el mejor presidente que se podría haber podido tener para hacer frente a las difíciles condiciones que se viven.
Aparte de la popularidad, al Peje le sirve también tener una Oposicion irracional, y sin cabeza que los aglutine. Ya se los dijo el analista Lorenzo Meyer: es una “Oposición sin cabeza”.
Así se vio el PAN potosino en la voz de su presidente estatal, Juan Francisco Aguilar Hernández, quien describió el Segundo Informe presidencial de “pura ficción”.
Falta de un análisis serio, Aguilar recurrió al expediente fácil de desacreditar sin argumentos, a una oposición de consigna, por sistema.
Y, aunque, por supuesto, les corresponde ser opositores críticos, ellos caen en lo burdo, y llaman “patrañas” a lo informado por el presidente; pero, eso solo los pinta a ellos, y los deja ver solo como resentidos.
No es “ficción” el poder llevar adelante un país en medio de una pandemia como no se había vivido nunca, y dentro de un contexto de crisis económica.
Por cierto, se trata de un retroceso mundial, donde todas las economías están siendo muy afectadas.
De tal manera que resulta una vil manipulación del dirigente derechista el decir que el Producto Interno Bruto (PIB) bajó un 18 por ciento, sin considerar no solo que se trata de una crisis global, sino también que el PIB no refleja un mayor bienestar general.
Ese indicador nos dice del crecimiento económico, donde los más beneficiados siempre son los que más tienen, mientras que la clase trabajadora sigue con penurias.
De ahí que desde la presidencia de la República se esté pensando en diseñar nuevos parámetros, que indiquen el verdadero desarrollo de los más necesitados en el campo y en la ciudad.
Lo que representantes de sectores privilegiados quieren, como este dirigente panista, es que se siga privilegiando una política elitista, de apoyo a los sectores más pudientes: empresarios y clase media alta.
Una política que no solo deja desprotegido al grueso de la población, sino que se presta a grandes negocios de la corrupción, como estamos viendo en fechas recientes con los casos Lozoya, García Luna, y Rosario Robles, entre otros.
Tampoco es política ficción, sino números reales, que en este gobierno se haya apoyado ya a casi un millón de beneficiarios del Censo de Bienestar, con créditos de 25 mil pesos para paliar los efectos de la pandemia.
Se trata de millonarios recursos que ahora están llegando, sin intermediarios, a quienes más lo necesitan, y no se pierde en los bolsillos de funcionarios deshonestos. Eso les molesta a las élites y a los políticos conservadores, por supuesto.
Tales apoyos son solo un ejemplo de muchos otros, pues aún en medio de las crisis sanitaria y económica, siete de cada 10 familias mexicanas reciben al menos uno de los apoyos de los programas sociales del gobierno federal y su llamada Cuarta Transformación.
En cuanto a la gobernabilidad y el crimen, los resultados tendrán que irse viendo más lentamente. El mismo presidente López Obrador anunció desde un principio que la mejora en esta área no se podían ver de la noche a la mañana.
Hay que reconocer, sin embargo, que en dos años no se ve en el horizonte de la burocracia policial a ningún García Luna trabajando para carteles del narco. Tampoco masacres de indígenas como las de Acteal, o Aguas Blancas, ni represiones como las de Atenco o los desaparecidos de Ayotzinapa.
La Oposición panista, y la demás, tendrá que cambiar de discurso, de análisis, y de estrategia, pues hasta hoy resultan casi invisibles, a no ser por el ridículo que hacen de manera constante.




