Abandonada por la falta de personal médico en el hospital “Covid” de Soledad, donde los trabajadores cobran una miseria, las moscas que se habían colado en el área de terapia intensiva se metieron a la boca de “Lilia” y pusieron sus huevecillos aprovechándose de la desolada situación.
Lilia, de 42 años, llevaba varios días entubada. Un ventilador la mantenía viva en esos días de julio en que la mayoría de enfermeras, médicos y camilleros fueron despedidos por la empresa de outsourcing, dejando a más de 18 pacientes graves de Covid en completo abandono.
La secretaria de salud, Mónica Rangel Martínez, sabía que el personal del hospital de Soledad no tiene base, y que cada seis meses son despedidos para renovarles otro contrato semestral, pero la re contratación se lleva una o dos semanas y al personal se le impide presentarse al hospital hasta que firmen el contrato, de lo contrario harían derechos laborales defendibles en la secretaría del Trabajo.
Sin embargo, Rangel Martínez no hizo nada. La reconversión hospitalaria anunciada en abril con bombo y platillo por el gobernador del Estado en medios informativos no incluyó reformar este “pequeño” detalle que puso en riesgo la vida de los pacientes en el primer hospital designado para combatir la pandemia desde su inicio.
De manera que, Lilia, quedó a merced de las condiciones insalubres de Terapia Intensiva del hospital a falta de personal de limpieza y de enfermeros y médicos que vigilaran su convalecencia de manera personalizada. Así que, no hubo personal que drenara la saliva de Lilia, por lo que la fijación del tubo que penetra por su boca se ensució y apestó, atrayendo las moscas, que encontraron nido fértil en su lengua para colocar sus huevecillos.
En el lapso que el hospital se quedó sin personal médico a causa de la burocracia y la indolencia de la secretaria de Salud, los huevecillos eclosionaron, y de inmediato comenzaron a devorar la carne viva de Lilia, quien seguía inconsciente, luchando por su vida pero ajena a la voracidad de las larvas, que le fueron retiradas por una de las pocas personas que estaban de guardia en el momento de la dantesca escena y que se vio en la necesidad de documentar con su teléfono las condiciones en que se encontraba esa paciente para demostrar que la lucha contra el Covid por parte de Mónica Rangel Martínez es una charada.
Lilia murió días después.
Los enfermeros, médicos, camilleros y jefes de los hospitales de San Luis Potosí saben que la realidad pincelada diariamente por Liliana Rangel Martínez es distinta a lo que pasa dentro de los hospitales. A seis meses de la pandemia, los hospitales Covid siguen sin medicamentos y equipos de protección, sin personal suficiente y sin garantías laborales para quienes arriesgan su vida atendiendo pacientes con este virus.
Ellos se preguntan: ¿a dónde se van entonces los recursos públicos, los 400 millones de pesos que envió la federación y el presupuesto estatal para el sector salud?
Quizás están ocultos en maletas, para gastarse en la campaña electoral de 2021.




