Hace ocho meses fue ejecutado el joven fotorreportero Edgar Daniel Esqueda Castro. Se considera el primer hecho de esta naturaleza que ocurre en San Luis Potosí, el nivel de violencia criminal no había alcanzado hasta entonces al gremio periodístico.

La promesa de justicia del gobernador Juan Manuel Carreras no se ha cumplido. Tampoco la Comisión Estatal de Derechos Humanos ha presentado el informe que anunció sobre el caso, quizá solo lo hizo para lavarse la imagen.
Daniel Castro, como era mejor conocido, provenía de una familia humilde, vivía en la colonia Julián Carrillo, era un fotógrafo que laboraba para portales noticiosos, se trasladaba en una motoneta para cubrir, antes que nadie, los hechos de sangre del crimen organizado.

Por su juventud e inexperiencia, no midió los riesgos de lo que estaba haciendo. Su muerte poco después trajo más dolor a su familia, su madre murió al agravarse la enfermedad que padecía, no pudo resistir más, vencida por el miedo, la indefensión, el abandono oficial. El delito de ser pobre.

La ejecución de Daniel fue noticia nacional, San Luis Potosí entró así a la espiral de la violencia contra periodistas, la sensación de fragilidad se apoderó de los trabajadores de los medios de comunicación. Las protestas iniciales de exigencia de justicia, pronto se diluyeron.

En el video que se difundió, en el que aparece hincado y con los ojos vendados, interrogado por otro hombre que está fuera de la escena, horas antes de su ejecución, describe en qué consistía su trabajo y el bando criminal para el que trabaja. Sus dichos no necesariamente pueden darse por ciertos, mostraba signos de lesiones diversas. Como las investigaciones no han dado resultados, las dudas persisten.

Vinculó a varios de sus colegas de andar en los mismos pasos extraviados de trabajar para el crimen, todos bajo la coordinación de un fotorreportero de Editora Mival, empresa que se asume como independiente y crítica; de manera lamentable no estuvo a la altura de las circunstancias, tendió un cerco de silencio sobre el caso, incumpliendo su propio lema: “Callar es mentir”.

Daniel Castro sigue esperando justicia.

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