A 26 años de su muerte, nada es igual.

La mañana de este viernes 18 de mayo hay apenas unas 30 personas en la plaza Fundadores, en su mayoría familiares del galeno Salvador Nava Martínez.
Una enorme manta con su efigie sobre la arcada del edificio Ipiña insiste en que sigue vivo… a través de sus ideales y valores, una gran mentira de sus descendientes que han convertido en su modus vivendi.

En este montaje escénico no podía faltar de fondo el canto de libertad de Nabuco, en la versión de Pablo Aldrete, conocido ultraderechista.
En sus distintas participaciones políticas, el doctor Nava no solo enfrentó al gobierno sino a la prensa palera.

Como el navismo ya no es un peligro para las mafias políticas porque se ha integrado a ellas en diversas formas y grados, ahora, su nieto Xavier Nava, el candidato panista a la alcaldía, es apapachado por los medios, le hacen preguntas de a pechito, para que se luzca repitiendo la misma cantaleta del gran legado que sigue permeando en todo el país como los organismos electorales.

No abunda, se metería en un terreno fangoso: el CEEPAC está muy lejos de ser ciudadano, los consejeros electorales ganan casi 100 pesos mensuales por trabajar solo cada tres años. La presidenta Laura Elena Fonseca es una figura de paja, quien tiene el control es Rodolfo Aguilar, a su vez títere del senador priista Teófilo Torres Corzo, uno de los varios padrinos políticos del proyecto de Xavier.

Se explaya en contra del perredista Ricardo Gallardo pero responde con incomodidad cuando una reportera le pregunta sobre cuánto ha gastado en campaña, cuánto le paga al cotizado hacedor de sus espots con monitos.

—“No lo sé, pero pedimos que el INE fiscalice bien a Gallardo”. A él no, porque todo está en orden.

Entre los asistentes al evento está su padre Luis Nava Calvillo, inhabilitado por actuar como un pedestre priista cuando despachó en la SEDUVOP. Platica con otro impresentable, el panista Carlos Fernández Galván, el maletero de Marcelo de los Santos, uno de los gobernadores que más ha robado a los potosinos.

El ayuno de poder ha vuelto a juntar a los contrarios.

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