Miles de sudafricanos rindieron ayer en un estadio de Soweto un nuevo y emotivo homenaje al controvertido icono de la lucha contra el apartheid Winnie Mandela, la exesposa del presidente Nelson Mandela.

Fue una mujer extraordinaria, madre, soldado, combatiente (…) Pensé que viviría eternamente”, dijo a la multitud uno de sus muchos nietos, Bambatha Mandela.

Encarnación, junto a su exmarido, de la lucha de liberación de la mayoría negra del país contra la segregación racial, Winnie Madikizela-Mandela falleció el 2 de abril a los 81 años de edad tras “una larga enfermedad”.

Sudáfrica decretó luto nacional hasta el sábado, cuando tendrán lugar los funerales oficiales.

Como un ensayo del gran acontecimiento, que será presidido por el jefe del Estado, Cyril Ramaphosa, se inició una primera ceremonia oficial al final de la mañana de ayer en el emblemático estadio de Orlando, en uno de los barrios de Soweto.

En contra de la mayoría de sus compañeros de lucha, la “Madre de la nación”, como se la conocían, eligió continuar su vida en este pobre municipio de Johannesburgo, donde conoció a Nelson Mandela en 1957.

Durante los 27 años de encarcelamiento de Nelson Mandela, “Mama Winnie” se convirtió en el icono de la lucha contra el apartheid. Sola, resistió las persecuciones del régimen, custodias, arrestos domiciliarios o agresiones.

Pero en ese cúmulo de alabanzas no hubo mención a la otra “Winnie”, aquella que provocó la reprobación de algunos de sus compañeros de viaje por sus llamadas a la violencia y los duros métodos de sus guardaespaldas.

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