El empresario inmobiliario Marcos Fastlicht Sackler, suegro del presidente del Consejo de Administración de Televisa, Emilio Azcárraga, asegura que en el ADN de Andrés Manuel López Obrador no está el ser dictador, expropiar ni achicar al empresariado, en caso de que llegue a la Presidencia.

En entrevista con EL UNIVERSAL, desde su oficina en el piso 26, con una vista envidiable de Reforma y el Bosque de Chapultepec, dice que se avanzó en solucionar el diferendo con los empresarios y envía un mensaje a sus colegas: no le deben tener miedo.

Relajado, con periódicos, revistas y tres diferentes pantallas transmitiendo noticias, el asesor en materia de seguridad y vínculo con la sociedad civil del tabasqueño confía en el triunfo de López Obrador, con 60% de preferencias y “carro completo”. Sólo una sorpresa más grande que el Brexit o la victoria de Donald Trump juntos impedirían que gane, asegura.

Del panista Ricardo Anaya Cortés tiene una mala impresión, a pesar de ser inteligente, por su “sonrisa falsa”, la gente que ha hecho a un lado y que a una edad muy temprana” tiene una ambición muy peligrosa y no está preparado”.

A José Antonio Meade lo ve como un hombre decente, preparado, pero llegó en un momento difícil para el PRI, donde el rechazo al actual gobierno le ha cobrado la factura. Le gustaría, dice, que López Obrador se lo lleve de secretario de Hacienda.

Expone que no tuvo nada que ver con su yerno, Emilio Azcárraga, para que le presten a Andrés Manuel López Obrador el Estadio Azteca para su cierre de campaña. Si el PAN o el PRI lo hubieran pedido antes, dice, también se los hubieran dado.

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