Médicos, periodistas, arquitectos, empresarios, economistas. Nos hacen ver que en un año y medio de gestión el presidente Andrés Manuel López Obrador ha cargado contra estas profesiones. En todos los casos ha puesto el estigma de la corrupción y el conservadurismo a quienes ejercen estos oficios. Generalizando, en la mayoría de los casos el mandatario no solo los ha denostado públicamente, sino que cada vez que se encuentra entrampado en un tema polémico la salida siempre pasa por señalar que si las cosas no funcionan como debiera ser es por culpa de alguno, o algunos, de estos sectores que buscan impedir la transformación del país. Sin embargo, nos dicen que lo más grave es que conforme pasan los días se suman los sectores de la sociedad con los que el Presidente busca la confrontación. El último caso, el de los médicos, nos dicen, tuvo un doble insulto. Primero dijo que durante el periodo neoliberal, es decir hasta antes de que él fuera presidente, en los médicos y el sector salud predominó el mercantilismo, la deshonestidad, la falta de humanismo y el trabajo en favor del dinero, no en favor del pueblo. Y después, la “disculpa” estuvo peor, pues dijo que no hubo insulto, que todo fue una maniobra de sus críticos y adversarios para distorsionar sus palabras. La interrogante es cuál será la próxima profesión a la que el Presidente le caiga a palos.

¿Y dónde está Vicente Fox?

Qué lejos quedó aquel 24 de septiembre del año pasado, cuando en una Asamblea Nacional del PAN el expresidente Vicente Fox llamó a los panistas a “darle en la madre a la Cuarta Transformación”. Nos hacen ver que el expanista guanajuatense prácticamente desapareció de la escena pública, y que ahora muy esporádicamente da entrevistas en medios, y cuando las da ya no es el critico de antes. Su cuenta de Twitter se convirtió solamente en un canal para reproducir algunos mensajes de personajes afines. La última mención que tiene Fox Quesada en su cuenta de esta red social fue el pasado 12 de diciembre y fue una felicitación para el titular del Ejecutivo por haber firmado el nuevo Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, el llamado T-MEC. Muchos se preguntan qué habrá pasado con don Vicente que pasó de crítico y activista antiAMLO a estar ahora callado como momia.

Su pasado persigue a la senadora

Nos dicen que los mensajes que la senadora Citlalli Hernández publicó en el pasado en sus redes sociales la persiguen. Y es que en su afán de defender la nueva militarización de la seguridad pública, ahora bajo gobierno morenista, la senadora explicó que la medida decretada por el presidente Andrés Manuel López Obrador podría ser la única viable para poder detener “la herencia del calderonato”, en materia de inseguridad. Sin embargo, le reviraron con mensajes que ella misma publicó en el pasado, como en el que pide que le avisen al expresidente Felipe Calderón “que me purga ver al ejército en las calles”, fechado el 29 de enero de 2012. La senadora sólo contestó que “desde nuestra comodidad centralista, podríamos opinar que no deberían estar las fuerzas armadas en dichas labores”, pero —parafraseando al propio presidente— dijo que no ve otra solución. Las benditas, y con muy buena memoria, redes sociales.

Las cifras que preocupan a la Coparmex

En la Coparmex, nos dicen, observan algunas cifras preocupantes referentes a la pandemia, y no, no se trata de los tan cuestionados números de contagios que ofrece a diario el subsecretario Hugo López-Gatell, sino de sus proyecciones de pérdida de empleos a consecuencia de la emergencia sanitaria. Consideran que al ritmo que se han perdido empleos formales en México en marzo y abril, al terminar mayo habrán desaparecido 1.3 millones de ellos. La confederación de patrones señala que los números oficiales del desempleo dejan ver que las medidas ejecutadas por el gobierno para proteger el empleo formal son a todas luces insuficientes. Insisten en que si se aplicara la idea que ellos han planteado, de un subsidio al empleo a través del Salario Solidario, se podrían proteger los aún restantes 19.9 millones de empleos formales. Sin embargo, ese escenario, en realidad, se ve muy cuesta arriba.

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