• El gobierno federal exige a la ciudadanía aislamiento social, pero nunca exigió a Juan Manuel Carreras terminar el hospital abandonado de Villa de Ramos, que hoy podría ayudar en la contingencia.

Más que el Covid-19, el mayor riesgo que corremos los mexicanos en este momento es nuestra necedad de aislarnos y la tremenda contradicción de las autoridades, principalmente del gobierno federal, que además de ir contracorriente a las disposiciones de aislamiento social en otros países, impide a los médicos y epidemiólogos tomar el control de la situación y decirle a la ciudadanía lo que debe hacer para protegerse.
El presidente no se hace a un lado. Quiere seguir protagonizando en momentos que resultan cruciales para evitar el índice de mortandad que ya alcanzó Italia y España porque los políticos en el poder no tomaron en serio la pandemia.

En febrero, cuando Italia registraba poco más de 400 casos –más o menos como los que se registran ahorita en México- y las muertes apenas se contaban por decenas, el jefe del partido gobernante Nicola Zingaretti subió a sus redes una foto departiendo con una copa en su mano e invitando a los italianos a mantener los hábitos sociales.

En menos de 10 días, el mismo político subió un video para reconocer que había adquirido el Coronavirus. En ese pequeño lapso, Italia ya tenía más de 5 mil casos y 233 muertes. El 21 de marzo, Andrés Manuel López Obrador subió a las redes desde el avión en que viajaba a Oaxaca un mensaje con el mismo tono taciturno y tranquilino que Zingaretti.

AMLO no usaba cubrebocas a pesar de que compartía espacios de menos de un metro con otros pasajeros y ese mismo sábado, miles de familias en San Luis Potosí (y quizá en todo México) hacían carne asada con sus amigos, o asistían a fiestas infantiles donde grupos de música versátil proyectaban a fuerza de pulmón micro partículas salivales. En numerosas comunidades de México se hicieron bailongos y pólvora para honrar a San José, patrono de sus comunidades, con la asistencia de paisanos que cruzaron la frontera sin saber si estaban contagiados y departieron con sus familiares y amigos en dichas localidades.
Las imágenes que se comparten en las redes sociales sobre el centro histórico y de plazas comerciales de San Luis Potosí y otras ciudades del país no concuerda con las imágenes de cientos de usuarios que incluso vía streaming difundían gentíos en playas, aeropuertos, y jaripeos en sus comunidades.

Los potosinos no están tomando en serio las advertencias de los médicos y los científicos, y esto podría deberse a la interferencia del presidente Andrés Manuel López Obrador con actitud relajada y despreocupada sobre la pandemia. Nadie le contradice que definitivamente se puede colapsar la economía si adoptamos medidas más estrictas y se multa a quienes como el alcalde Tanquián desoyó las indicaciones y realizó la feria del pueblo, pero el presidente parece no entender que mientras más contagios haya y más se prolongue la contingencia menos podremos recuperar la economía.

Es decir, las medidas estrictas de aislamiento nos pueden dejar en la ruina, pero permitirán contener la pandemia en menos tiempo y empezar a trabajar más pronto en recuperar la actividad económica.

Predicciones equívocas y contradicciones que confunden y alarman-
Además de manipular cifras (no estamos diciendo que las oculten o las alteren), el presidente Andrés Manuel y el subsecretario de Prevención y Protección a la Salud del gobierno federal, Hugo López-Gatell nos están cambiando panoramas continuamente y esto no es por el comportamiento del virus, sino por una evidente falta de estrategia y por cuestiones meramente políticas que sólo los está haciendo arrojar cifras, datos y fechas que confunden a los mexicanos y los llevan al máximo nivel de estrés.

Primero, el funcionario antes citado dijo el pasado 27 de febrero que hasta 78 millones de mexicanos podrían infectarse por Covid-19, el equivalente al 30 por ciento de la población en todo el país. Una suma verdaderamente preocupante.

Luego, el gobierno se guardó esa increíble cifra y en voz de Ruy López Ridaura, director del Centro Nacional de Prevención y Control de Enfermedades de la 4T, afirmaron en la conferencia por Coronavirus del martes 18 de marzo que, de acuerdo a un estudio matemático sobre la pandemia en China, el 0.2 de la población en México se infectaría a mitad de la curva epidémica, y bajaron la cifra de posibles infectados de 78 millones a 250 mil mexicanos, pero la infraestructura hospitalaria en México es deprimente e insuficiente para atender a la vez incluso a 250 mil mexicanos.

Posteriormente, el modelo matemático que uso la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM, basado en el número de vuelos que llegan al país y su procedencia, tampoco fue certero, pues afirmaba que entre el 20 y el 30 de marzo el coronavirus llegaría el brote infeccioso y crecería exponencialmente, esta predicción fue más alarmante que certera puesto el número de contagios hasta hoy 25 de marzo son menos de 500 según cifras oficiales. La publicación desde el 10 de marzo de este modelo matemático solo alarmó a la población que empezó a vaciar los anaqueles de desinfectantes, papel higiénico y víveres.

Hugo López-Gatell, quien sólo puede dar a conocer lo que el presidente le permite, dijo primero que la contingencia duraría 8 semanas a partir del 20 de abril, entonces, las familias que pudieron se prepararon, se hicieron de víveres para aislarse con soltura, pero luego, el presidente salió a contradecir al médico y dijo serían 12 semanas de contingencia, pero que por el momento, la gente podía salir, que la historia y la mexicanidad nos respalda, que sí hay que abrazarse, y que sólo hasta que él lo dijera los mexicanos empezarían a aislarse, y siguió manteniéndose cerca de la gente en sus giras, siguió haciendo giras donde hacía reunirse a más de 3 mil acarreados, cuando las autoridades de salud prohibieron la conglomeración de 50 personas.

Pero las contradicciones y la alteración de la realidad epidemiológica han ido más allá. Al periodista Joaquín López Dóriga, el galeno López-Gatell le dijo que sería hasta junio cuando se registraría el punto más álgido de la curva de contagios en nuestro país y recientemente acaba de declarar que será en agosto y que hasta septiembre u octubre estaríamos descendiendo en el riesgo de contagios.

Y en la conferencia mañanera de hoy, la secretaria de Economía de la 4t le agregado una raya más al tigre de la confusión. Como tratando de calmarnos, Graciela Márquez salió a decir que hay productos de la canasta básica para 100 días, pero, si su compañero López-Gatell está diciendo que hasta agosto se registrará el mayor número de infectados, ¿no habrán pasado más de 100 días de hoy y hasta entonces?
¿Qué harán las familias mexicanas con toda esta información que se ha vuelto desinformación?
¿Qué harán las familias que viven al día?
¿Cuánto tiempo entonces nos mantendremos aislados?
¿Cuánto tiempo dejaremos de trabajar para proteger nuestra salud?
¿Cuánto tiempo podremos vivir sin ganar un solo peso?
Andrés Manuel López Obrador sólo va a soltar cheques a su clientela electoral. Pero hay miles de familias más que necesitan ese apoyo y que no están registradas en sus programas populistas.

Un mega hospital abandonado en Villa de Ramos-

Afortunadamente, los gobiernos estatales adoptaron medidas más restrictivas que la blanda política del presidente, y cerraron las escuelas días antes del 20 de marzo, la fecha prevista por la secretaría de Educación. Impulsaron el cierre de algunos comercios, y promovieron la sana distancia, pero, a excepción del centro histórico, en San Luis Potosí la gente sigue en las calles, y los comerciantes de sitios como el mercado República se niegan a acatar las indicaciones del gobierno municipal, que ordenó el cierre de comercios donde hay aglomeración de personas.

Pero los ciudadanos no han respondido a la verdadera urgencia que insta esta pandemia de aislarse porque las autoridades le han dado un manejo político y no clínico al problema de salud que nos amenaza. Hay una sola justificación para que el presidente actúe de la forma en que lo hace: está consciente del quiebre de la economía, del quiebre del país si todos nos guardamos en nuestros hogares desde ahorita.

La contracción de la economía mexicana el año pasado y la que se registra en este primer trimestre del 0.1 por ciento, el desplome del precio del petróleo, que representa los ingresos más fuertes del gobierno federal entre otros factores macroeconómicos nos pondrán en el peor de los escenarios cuando hayamos superado los riesgos del Coronavirus, pero también no habrá economía si no hay humanos que la ejerciten.

Disimuladamente o, mejor dicho, folclóricamente Andrés Manuel López Obrador está tratando de imitar lo que hicieron sus pares políticos en Italia, en el Reino Unido, en Estados Unidos, darle prioridad a la economía y permitir que la pandemia pase y cobre unas cuantas vidas (miles de vidas), está dejando a segundo plano lo que verdaderamente importa, salvar la salud de quienes movemos la economía, y este desinterés no es contemporáneo, el Coronavirus sólo ha venido a recordarnos nuestra gran apatía hacia la política y las acciones del gobierno, apatía que es bien aprovechada para realizar actos de corrupción, enriquecimiento ilícito no castigado, y en gastar millones de pesos en programas populistas para comprar votos en vez de invertir en hospitales, en investigación científica, pero una verdadera que genere cambios y beneficie de manera pronta a la ciudadanía, no la clásica “investigación” burocrática de organismos como el IPICYT y el COPOCYT cuyos investigadores son parásitos del sistema y cobran excelentes sueldos y prestaciones por años y años sin aportar nada concreto ni cuantificable en beneficio de nuestra salud y nuestro estilo de vida.

Las vacunas, la tecnología, la medicina siempre vienen de científicos extranjeros. México paga millones de pesos a sus investigadores, pero siempre termina comprando patentes extranjeras. Esto debe acabarse.

En el municipio de Villa de Ramos, hay una gigantesca obra negra abandonada. Se trata del Hospital Regional Los Hernández, que dejó inconcluso el gobernador Fernando Toranzo Fernández. En dos sexenios nadie ha culminado el nosocomio y lo ha puesto en operación. Con el Coronavirus amenazándonos, hoy sería una bendición y un gran soporte para el sistema de salud del Estado.

Dicen que lo malo siempre es más fácil de aprender. Los potosinos hemos aprendido dos cosas: a desoír la indicación de aislamiento social y a callarnos ante los abusos de delincuentes de cuello blanco.

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